Gaceta Médica Madrid | jueves, 03 de diciembre de 2015 h |

El grupo de investigadores del Hospital General Universitario Gregorio Marañón liderados por María Ángeles Muñoz-Fernández, jefe de Laboratorio de Inmunobiología del centro, han demostrado, en colaboración con el grupo de Javier Martínez-Picad del IrsiCaixa y CoRISpe, que iniciar el tratamiento antirretroviral (TAR) en bebés infectados por el VIH durante las 12 primeras semanas de vida reduce más de seis veces la cantidad de virus circulante o carga viral, siempre y cuando la TAR se administre sin ninguna interrupción. El trabajo ha sido publicado en la revista científica Clinical Infectious Diseases.

La necesidad de no interrumpir el tratamiento es que en los reservorios virales el VIH se mantiene latente dentro de las células pero, si se interrumpe, el virus despierta y comienza a replicarse. Por este motivo, una línea de investigación relevante y orientada a la cura funcional, al control de la infección, es “reducir el tamaño del reservorio”. La investigación se diseñó para comprobar si iniciar el tratamiento durante las primeras 12 semanas de vida sería más beneficioso que esperar al periodo entre la semana 12 y la 54 para iniciarlo. El estudio incorporó a 23 niños nacidos con infección perinatal por el VIH en diferentes hospitales españoles entre los años 2004 y 2009. Los recién nacidos se dividieron en dos grupos: 14 que habían iniciado la TAR durante las 12 primeras semanas de vida y 9 que la habían comenzado entre la semana 12 y la 54.

En este estudio, el Gregorio Marañón utilizó técnicas moleculares punteras para cuantificar células que albergaban ADN viral en su interior. Con ello se consiguió mostrar que el reservorio VIH de los niños del primer grupo fue seis veces más pequeño que el reservorio del virus de niños del segundo grupo. La limitación del tamaño del reservorio juega un papel clave para conseguir que el VIH no replique y no vuelva a aparecer cuando a los niños se les suspenda el tratamiento, es decir, para conseguir la “cura funcional”.

Por tanto, los recién nacidos VIH+ deben tratarse entre los 3 y 6 meses del nacimiento para que el tamaño de reservorio sea muy pequeño y para que, tras un periodo con TAR, éste se le pueda suprimir y el niño sea capaz de controlar al virus y vivir sin recibir tratamiento antirretroviral. Hoy en día, las terapias actuales permiten igualar la esperanza de vida de las personas portadoras y las no portadoras del VIH y precisamente “los niños son los mejores candidatos para poder beneficiarse, en un futuro, de posibles intervenciones clínicas orientadas a la cura funcional de la infección”, confirma Muñoz-Fernández. Los investigadores también han estudiado el efecto de la interrupción del tratamiento antirretroviral en el tamaño del reservorio mediante el seguimiento de tres niños que lo suspendieron temporalmente y nueve que lo mantuvieron de forma constante.

Los resultados demuestran que, en cuanto la terapia fue interrumpida, los reservorios se llenaron rápidamente. “Esto significa que las interrupciones de tratamiento pueden contrarrestar los beneficios de iniciar la terapia al poco de nacer”. “El VIH replica relativamente rápido en niños y, ccuanto más rápido replica, mayor es el tamaño del reservorio y la ampliación de los reservorios podría ser irreversible”, confirma Muñoz-Fernández. Aunque, en esto, la investigadora reconoce que todavía hay que investigar más.