José A. Rodríguez Barcelona | viernes, 18 de diciembre de 2015 h |

El Centro de Oftalmología Barraquer ha implantado un ojo biónico en un paciente con síndrome de Usher. Este paciente, por tanto, “es sordo y ciego”, explica Jeroni Nadal, coordinador adjunto del departamento de vitreorretina del centro y responsable de la intervención. Hasta ahora, sólo se había colocado un ojo biónico a un paciente de este tipo en Estados Unidos.

Prótesis de retina

El sistema de prótesis de retina Argus II, fabricado y desarrollo íntegramente por la empresa americana Second Sight, también conocido como “ojo biónico” o “implante de retina”, tiene como finalidad proporcionar la estimulación eléctrica de la retina para aumentar la percepción visual en personas ciegas.

Como explica Nadal, uno de los dos únicos cirujanos en España habilitados para realizar este tipo de cirugía, este ojo biónico consta de dos componentes. Por un lado, un componente externo, que son unas gafas y un procesador informático que envía por telemetría la energía necesaria al interior del ojo. Una vez procesada esta información, se transforma en un impulso eléctrico que se transmite a la retina, donde se ha colocado un implante. Asimismo, el ojo cuenta con una antena pediocular, que va a una matriz de silicona, y un transductor que se coloca alrededor del ojo. De él sale un cableado que entra en el ojo.

Dentro del ojo se coloca un implante, un dispositivo rectangular de 15 milímetros que, a su vez, lleva 64 estimuladores metálicos. Estos se encargan de estimular las células internas de la retina. “Este estímulo eléctrico es similar al que se produce de una forma fisiológica y que genera la visión en la retina. El cerebro lo asimila y el paciente puede entenderlo”, añade Nadal.

Ganancia de visión

Por tanto, comenta este experto, el paciente cuenta con un electroestimulador de visión artificial, “que le va a permitir captar siluetas, formas, movimientos y 20 grados centrales de visión”. Para una persona sordo-muda y ciega, “se trata, como es evidente, de un cambio radical, ya que podrá tener una vida mucho más autónoma”.

Nadal señala que la intervención “ha ido bien”. Se ha prolongado durante “3 horas y 45 minutos, que es bastante tiempo, porque es necesario realizar un cuidadoso control de los componentes informáticos del implante, y valorar las impedancias del sistema constantemente”.

Principales dificultades

Pero una de las dificultades de colocar un implante de este tipo en un paciente sordo-ciego son los problemas en el posterior aprendizaje de la visión. Por eso, señala Nadal, “siempre se había descartado a este tipo de pacientes”. En este sentido, Nadal explica que “la operación que se realizó en Estados Unidos fue bien, pero luego hubo dificultades durante el periodo de aprendizaje”. La ventaja del paciente intervenido por este experto es que “había aprendido el lenguaje de signos antes de quedarse ciego, y cuenta con un intérprete con el que puede comunicarse a través del tacto”, comenta Nadal.

Ahora, este paciente deberá realizar un entrenamiento durante 6-8 semanas con los especialistas. “Y luego seguirá adaptándose en su entorno”, añade Nadal.