Almudena Fernández Madrid | viernes, 06 de noviembre de 2015 h |

Los errores médicos son la sexta causa de muerte en Estados Unidos y, por ellos, fallecen diez millones de personas anualmente. En España, según estimaciones, podrían suponer el 1,1 por ciento de los fallecimientos, aunque no hay datos transparentes en este sentido.

Por ello, se deben medir resultados y comparar unos centros con otros para que el paciente tenga la opción de decidir en cuál quiere ser tratado, tal y como explicó el director general del Instituto para el Desarrollo e Innovación de la Sanidad (IDIS), Manuel Vilches, durante el seminario ‘Calidad, colaboración y compromiso en la era digital de la Sanidad’. “Debería ser una obligación, porque ayuda a conseguir mejores resultados”, subrayó.

Por este motivo, IDIS impulsó el reconocimiento QH, que aglutina las distintas acreditaciones que puede obtener un centro y certifica la excelencia de forma unificada. Además, en España, ningún modelo de este tipo tiene más de 20 años de experiencia, por lo que el medir la calidad es algo todavía bastante reciente.

Asimismo, lamentó la infrafinanciación que sufre el sistema sanitario español en relación con el de otros países europeos pues, si se le quita la parte dedicada a conciertos sanitarios, se quedaría en un 5,9 por ciento del total del PIB, y mostró su preocupación porque, según las previsiones, en 2018 caería a un 5,3 a pesar de que las necesidades de gasto no paren de incrementarse por el aumento de la edad de vida y la aparición de medicamentos innovadores. Subrayó también que los médicos españoles son “los más baratos de toda Europa”.

Luis Mayero, vicepresidente del IDIS, por su parte, apuntó a que el 30 por ciento de la sanidad es privada, algo que contribuye a hacer más sostenible el sistema porque libera recursos, máxime cuando la demanda tiende a crecer porque se concentra en los últimos años de la vida.

A su juicio, se evitarían muchos problemas siendo “menos sectarios y menos estigmatizantes”. Por ello, abogó por la creación de un debate “técnico y riguroso, sin sesgos políticos” que permita la supervivencia del SNS. En esta línea, lamentó que algunos políticos crean “que no les van a votar” por hablar de colaboración público-privada.

Remachó la necesidad de buscar nuevas fórmulas de colaboración que, para que sean posibles, requieren de un sistema que sea interoperable.