Gaceta Médica Madrid | viernes, 06 de junio de 2014 h |

De 2000 a 2014, bien por su condición de presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Alicante (2000-2014), del Consejo Autonómico de Colegios de Farmacéuticos de Comunidad Valenciana o por ostentar la vicepresidencia del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (2003-2009), casi todas las ocasiones en las que Jaime Carbonell se subió al coche, tren o avión con destino Madrid, los motivos de los viajes eran estrictamente profesionales. Desde el pasado 9 de marzo, todas las veces que ha repetido el trayecto Alicante-Madrid ya no lo ha hecho por trabajo sino por “placer”. En concreto, por el “placer” de visitar con asiduidad al que él define como su “maestro” Pedro Capilla, ex presidente del CGCOF, y, el pasado 4 de junio, por el “enorme placer” de recoger el premio con el que Fundamed & wecare-u han querido reconocer su Trayectoria Profesional en la categoría Farmacia. Un premio que dedicó al CGCOF, al citado Capilla “y a las 2.281 farmacias de Comunidad Valenciana”

Además de las responsabilidades antes citadas en el colegio alicantino, Consejo General y consejo autonómico, Carbonell también es socio fundador y secretario de la Asociación de Analistas Clínicos de Alicante (además de pertenecer a la asociación nacional del ramo) y ex presidente de la Asociación de Empresarios Farmacéuticos de la Costa Blanca. Sin embargo, hay otras cuestiones que no figuran negro sobre blanco en su currículum pero que bien merecerían ser plasmadas en él. En concreto, las horas y horas acumuladas de reuniones en las consejerías de Sanidad y Hacienda de la Comunidad Valenciana buscando solución al mayor problema con el que ha tenido que lidiar la farmacia valenciana —y sigue lidiando, aunque en menor medida— en los últimos años: los impagos de facturas farmacéuticas.

Un ‘infante’ batallador

“Mi agenda solo tiene una página y un único objetivo: cobrar la deuda”, señalaba a EG tras estrenar, en junio de 2013, su etapa rotatoria como presidente de los farmacéuticos de Comunidad Valenciana. Una “capacidad de liderazgo” que, precisamente, ha sido uno de los puntos fuertes, junto con su “espíritu constructivo y fortaleza para navegar a contracorriente” destacados por el jurado de los Premios Fundamed &wecare-u para reconocer la trayectoria de Carbonell en la gala celebrada el 4 de junio en Madrid.

Ese espíritu es el que no le permite ‘desconectar’ de sus responsabilidades pasadas y por ello, durante su discurso de agradecimiento, aprovechó la presencia en el acto de Manuel Llombart, consejero de Sanidad regional, con el que se ha visto las caras en torno a una mesa en no pocas ocasiones, para recordarle que “lo hemos pasado mal y espero querido conseller que no lo pasemos mal”. Una solicitud bien ‘tirada’ ya que, días antes, y tras unos meses en los que parecía haberse instalado la normalidad en el pago de facturas, la Generalitat de Comunidad Valenciana había dejado sin abonar, para sorpresa de los colegios farmacéuticos, en torno al 42 por ciento de las recetas dispensadas en marzo.

Quien conoce a Carbonell sabe de su bien entendido carácter batallador (por eso comulga con Rafael Nadal, al que “admira” y con quien “sufre”). Un carácter que sacó a relucir en su intervención al enumerar el ‘batallón’ que conforman los agentes de la cadena del medicamento, compuesto por “artillería (industria), arqueros (distribuidoras) e infantería (farmacia)”. Él, como integrante de este último frente, el más vulnerable, recordó que “la infantería está tocada e imagino que el resto también”.

Antes y después: el boticario

Antes y después de todas esas responsabilidades institucionales, hay ‘otro’ Jaime Carbonell: el “modesto boticario”, como así mismo se presentó ante los presentes en el madrileño auditorio Rafael del Pino. Un boticario que en el día a día no entiende como “un sector que crecía a dos dígitos ahora baja 3 dígitos”.

Su ‘estreno’ como titular de una oficina de farmacia tuvo lugar en 1981 en el municipio alicantino de Benimantell (450 habitantes), en plena Sierra de Aitana, donde pasó “años inolvidables” en lo profesional y donde, en lo personal, forjó su gusto por la montaña. Años después, en 1988, se trasladó a una botica de Benidorm, donde ya ha cumplido las ‘bodas de plata’ detrás de su mostrador y desde el que, tras abandonar el 9 de marzo la presidencia del COF de Alicante, se dedica “en cuerpo y alma” a sus pacientes.

Como buen alicantino, de Alcoy concretamente, aseguraba Carbonell en una entrevista realizada para la sección ‘A la contra’ de EG que “para comerse el turrón, primero hay que ganárselo”. Pues bien, predicando con el ejemplo, la defensa de la farmacia que durante 14 años ha realizado Carbonell no solo le ha hecho ganarse el turrón… Sino el reconocimiento del jurado de los premios Fundamed & wecare-u.

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