| viernes, 26 de abril de 2013 h |

Parece algo evidente, pero sin duda no debe serlo. La falta de entendimiento y/o colaboración entre gestores y clínicos es algo que puede venir de lejos, cuando en los 80 en aras de la mejora de la gestión de los centros sanitarios, se cambiaron los roles y el poder se desplazó de los médicos a los gestores, sin paños calientes. Con el paso de los años, en parte porque eran épocas de vacas gordas, el papel de los profesionales en la organización de recursos como tal se fue dejando de lado. Aquellos tiempos quedaron atrás.

Una prueba de ello es la implicación cada vez mayor que están teniendo las sociedades científicas en los temas que son estrictamente de política sanitaria. Un papel que hace unos años no ejercían, no porque no fuera necesario, sino porque es ahora cuando de verdad se percibe que los ajustes actuales pueden afectar a los cimientos del SNS. Para muestra, el debate que mantuvo la pasada semana la Sociedad Española de Cardiología donde una vez más se hacía un llamamiento a las administraciones para que cuenten con los médicos, para que les otorguen las responsabilidades que les corresponden a la hora de hacer más eficiente el SNS y se lanzaba el mensaje de que existen recursos suficientes pero están mal distribuidos y mal gestionados por responsables ajenos ala práctica clínica. Hacer oídos sordos a las advertencias de aquellos que saben y conocen de cerca cómo es el camino es como aventurarse por un precipicio con los ojos vendados. Y en esa caída, va la salud de todos.