CONGRESO/ SEMG teme que los recortes frenen su progresiva implantación en primaria

br

REDACCIÓN Madrid | viernes, 11 de mayo de 2012 h |

Los médicos de familia han reivindicado en muchas ocasiones la implantación de la ecografía clínica en atención primaria pues ayuda a descartar o confirmar numerosos procesos abdominales, torácicos, musculoesqueléticos, mamarios, ginecológicos y obstétricos, entre otros.

Sin embargo, mientras en regiones como Galicia y Extremadura existe buena dotación de esta herramienta no sucede igual en otras como País Vasco o Cataluña, tal y como ha alertado el miembro de la sección de Ecografía de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Ramón Manuel Devesa, en el XIII Congreso Internacional de Ecografía Clínica ‘Euroson 2012’ de esta sociedad. Pese a estas desigualdades, la tendencia general es seguir aumentando el número de ecógrafos en el primer nivel, aunque este rumbo puede cambiar, según Devesa, con los recortes presupuestarios en sanidad.

Por el contrario, y dado este contexto, el experto reivindica una técnica que “agiliza” el proceso diagnóstico y, en consecuencia, la instauración del tratamiento, redundando todo ello en un mejor manejo clínico del enfermo, es decir, en más eficiencia en la atención. De hecho, para el presidente de esta sección de SEMG, José Manuel Solla, tras los últimos avances que se han producido en este sistema diagnóstico basado en los ultrasonidos —indoloro y con una alta especialidad y fiabilidad—, su aportación es comparable a la aparición del electrocardiograma en el medio no hospitalario.

Estos beneficios se hacen más patentes aún en el ámbito pediátrico pues, según destacaron en el congreso los especialistas Stephan Schneider e Inés Osiniri Kippes, los ultrasonidos llegan con más precisión y nitidez a los órganos o estructuras a observar, siendo de gran utilidad para descartar o confirmar una apendicitis u otros problemas abdominales, para estudiar ganglios, procesos del tórax, patología musculoesquelética y otras enfermedades en los pacientes infantiles, lo que se traduce en una “optimización” de recursos y un “abaratamiento” de costes para el sistema público.