C.M.López Madrid | viernes, 23 de octubre de 2015 h |

La buena gestión en los servicios hospitalarios es la que facilita que todo funcione adecuadamente. Sin embargo, si estos servicios no están avalados y acreditados para el desarrollo de la práctica clínica puede convertirse en un problema. Además la congestión de estos servicios supone un escollo para los especialistas que trabajan en ellos, ya que interfieren en esa buena práctica.

Durante el ‘Curso de Gestión para los Servicios de Urgencias’, organizada por la Sociedad Española de Urgencias y Emergencias (Semes), en colaboración con Sanofi, se pusieron sobre la mesa las principales necesidades de estos profesionales al frente de los servicios de urgencias.

Uno de los principales obstáculos que existen actualmente es la falta de acreditación. “En la actualidad no hay más de media docena acreditados en todo el Estado”, apunta el jefe de servicio de urgencias del Hospital Universitario de Donostia, Pablo Busca. Esta certificación supone una garantía tanto para los pacientes como para la administración y los profesionales. “Debería ser algo habitual que los servicios estuvieran acreditados”.

Un problema que debería estar solucionado teniendo en cuenta que ya hace más de diez años que la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes) elaboró un manual de acreditación de los servicios, en el que se dan las claves de cómo deben ser y cómo deben funcionar los servicios.

Por otra parte, la gestión de camas para el ingreso de los pacientes es uno de los principales motivos de colapsos en los servicios, así como la gestión de colas y de esperas, que con frecuencia surgen debido a múltiples factores que requieren un tratamiento adecuado para evitar la saturación.

Implicación con los servicios

Antonio Bernabé Rojas, jefe del servicio de Urgencias del Hospital Universitario de la Merced, considera que hay que implicar más al hospital en la gestión de estas áreas. “En muchas ocasiones lo que se produce es un tapón a la salida de los pacientes de urgencias y la demanda continua siendo la misma”, precisa Rojas. La solución para Busca es que las normas sean claras y los circuitos estén bien definidos y todo ello debe ser conocido tanto por pacientes como por profesionales. “Es importante establecer acuerdos con otros servicios dentro y fuera del hospital incluso hasta con los propios usuarios”, apunta Busca.

Asimismo, la valoración de otros especialistas es otro de los escollos que favorece los colapsos. Rojas defiende que la interconsulta sea mínima, ya que existen manuales, editados por la propiedad sociedad científica y consensuados con otras áreas, de procedimientos y protocolos a seguir en función de la patología. “De tal forma que esta decisión debería ser en casos muy concretos”, destaca.

A estos colapsos se suma que en la actualidad hay una gran dependencia en los servicio de urgencias de los MIR, ya que habitualmente trabajan en este ámbito como cualquier médico, “independientemente de su formación”. Algo que hace que en ocasiones no exista una adecuada formación de los profesionales en urgencias y por tanto, necesiten de interconsulta a otros profesionales.