| martes, 04 de junio de 2013 h |

España es el segundo país de los cinco “grandes” de la Unión Europea (UE) con más costes indirectos asociados a la diabetes, 17.630 millones de euros al año, con lo que se sitúa solo por debajo de Alemania, con 37.900 millones de euros, pero supera a Reino Unido, Francia e Italia. Esta es una de las principales conclusiones del estudio sobre el coste y la gestión de la diabetes realizado por la London School of Economics en los cinco estados más poblados del continente y que ha sido presentado hoy en el Foro “Diálogo en Diabetes–Madrid 2013”. Este encuentro ha reunido a todos los actores implicados en la lucha contra esta enfermedad en nuestro país (instituciones, sociedades médicas y pacientes) y ha contado con el apoyo de Novo Nordisk.

Este foro es la continuación del celebrado a nivel europeo en abril de 2012, bajo los auspicios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la presidencia danesa del Consejo de la Unión Europea, que congregó en Copenhague a más de 700 representantes de los 27 estados miembros. Fue precisamente de aquí de donde surgió la denominada ‘Hoja de Ruta de Copenhague’, una serie de líneas de actuación para mejorar la prevención, la detección precoz y el abordaje de la diabetes en Europa.

Según el estudio presentado, los costes indirectos de esta enfermedad en España son provocados fundamentalmente por el absentismo laboral de los pacientes (8.400 millones de euros al año), sus jubilaciones anticipadas (9.484 millones) y los gastos sociales invertidos en ellos (101 millones). En lo que respecta a los costes directos, ascienden a 5.447 millones de euros, destinados principalmente a tratamientos y hospitalizaciones, lo que supone un coste anual por paciente de 1.708 euros.

En el conjunto de los cinco estados más poblados de la UE, los costes directos e indirectos de la diabetes suman 188.000 millones de euros, una cantidad para cuya reducción el informe de la London School of Economics propone una serie de recomendaciones; entre ellas, la creación de registros nacionales de pacientes, el mejor control de la adherencia de los pacientes a los tratamientos, la prevención de la obesidad, la implantación de cribados a individuos de alto riesgo y la puesta en marcha de programas educativos a grupos específicos.

Asimismo, el estudio pone de manifiesto cuatro áreas de mejora que comparten Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España: las diferencias regionales en el abordaje de la diabetes, los recursos humanos limitados para atender a los pacientes, la reducida inversión en iniciativas para promover estilos de vida saludables que ayuden a prevenir la enfermedad y la insuficiente formación que sobre ésta tienen los profesionales sanitarios.

El informe recuerda, por otra parte, que la diabetes, aparte de su conocido incremento de las probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares, es la principal causa de ceguera y de amputaciones de miembros inferiores en Europa. Sin embargo, en nuestro país, solo el 57 por ciento de los pacientes son sometidos anualmente a exámenes oculares y el 48 por ciento a exámenes de los pies. La mayoría, el 82 por ciento, sí es objeto cada año de análisis de hemoglobina glicosilada, fundamentales para el control del nivel glucémico en sangre.

En total, se estima que el 13,8 por ciento de la población española tiene diabetes, incluyendo el 7,8 por ciento que está diagnosticada y el 6 por ciento que no lo sabe. De ellos, entre el 90 y el 95 por ciento de los pacientes son diabéticos tipo 2. “Si atendemos a esta elevada prevalencia –asegura Sonia Gaztambide, presidenta de la Sociedad Española de Diabetes (SED)-, la situación puede calificarse de preocupante. Es conocida la relación de la diabetes tipo 2 con la obesidad y se ha estudiado también su vinculación con el nivel de estudios. Debemos, por tanto, incidir sobre los estilos de vida como medio de prevención y realizar un diagnóstico más precoz. Y esto resulta imposible sin educación”.

“Aunque en España se realiza educación tanto en atención primaria como en especializada -continúa Gaztambide-, no se realiza tanta educación terapéutica como se debiera, entendiendo ésta como una educación estructurada y contemplada en la agenda de los profesionales y no en las consultas de forma puntual y aislada. Ahora, la coordinación entre atención primaria y especializada está facilitada también a través de la historia electrónica. Otra herramienta que esperamos sea de gran ayuda es la receta electrónica para evitar duplicidades en tratamientos y reducir efectos secundarios e interacciones medicamentosas, entre otros aspectos”.

En la misma línea, Javier Salvador, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), apunta que “los propios pacientes tiene que asumir su papel clave en el control de la alimentación, la actividad física y la necesidad de monitorizar sus valores de glucemia, así como de revisar periódicamente su situación clínica. Esta participación activa es muy importante y ha de extenderse a familiares y cuidadores, sobre todo en el caso de personas de la tercera edad y discapacitadas. La educación sanitaria precisa, pues, de una disposición mayor de recursos y tiempo, que es absolutamente rentable por las repercusiones que acabará teniendo sobre el gasto sanitario”.

Al incremento de este gasto contribuyen también las complicaciones asociadas a la diabetes, que afectan al 49 por ciento de los pacientes españoles, tanto en su variedad macrovascular como microvascular. De hecho, un 12 por ciento presentan una combinación de ambas, lo que conlleva un coste 2,4 veces mayor para la sanidad pública que el de los pacientes sin ninguna complicación asociada. El presidente de la SEEN explica que “las complicaciones de la diabetes se desarrollan dependiendo de factores como el tiempo de evolución de la enfermedad, la edad o la coexistencia de otros factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión. La enfermedad cardiovascular llega a causar la muerte de entre el 50 y el 80 por ciento de los pacientes con diabetes. En el ámbito microvascular, un 30 o 40 por ciento de los pacientes presentan retinopatía y entre un 20 y un 30 por ciento nefropatía diabética, que es la causa más frecuente de insuficiencia renal terminal”.