ESTUDIO/ Un 60% de las técnicas rehabilitadoras no tienen fundamento o son inútiles

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M. RASPAL Madrid | viernes, 17 de febrero de 2012 h |

“No existe un registro ordenado de efectos adversos, un peligro para los pacientes”

Los médicos vienen alertando desde hace tiempo sobre la conveniencia de evaluar sistemáticamente todas las innovaciones tecnológicas del Sistema Nacional de Salud (SNS), una recomendación que, en el contexto actual, ha pasado a ser una “necesidad” como demuestra el hecho de que, como mínimo, un 60 por ciento de los recursos destinados a tratamientos rehabilitadores para los pacientes con dolencias cervicales, lumbares y de hombro —las causas de consulta más frecuentes en atención primaria— se han invertido en procedimientos “carentes de fundamento científico o comprobadamente inútiles”.

Es la conclusión principal del estudio realizado por investigadores del Servicio Canario de Salud en colaboración con la Fundación Kovacs, el primero que cuantifica el dinero que gasta la sanidad pública española en procedimientos ineficaces o no evaluados y cuyos resultados se han publicado en la revista ‘BioMed Central Musculoskeletal Disorders’. Este constata que sólo el 39,9 por ciento de los tratamientos aplicados entre 2004 y 2007 en esta región —que suponen un 40,5 por ciento de la inversión— contaba con pruebas científicas sobre su eficacia por lo que de los cinco millones invertidos por el servicio público, alrededor de tres se destinaron a tecnologías sin base comprobada o que no habían demostrado previamente ningún resultado.

Tal y como expuso el coautor del informe y director de la Red Española de Investigadores de Dolencias de la Espalada (Reide), Francisco M. Kovacs, durante su presentación, estos datos son extrapolables al resto de comunidades pues la práctica clínica con estos pacientes es muy similar en todos los servicios y exponen un derroche “conservador” pues el cálculo se realizó asumiento la hipótesis más favorable para la eficiencia de los recursos y sólo se calcularon los costes de los pacientes tratados en clínicas privadas concertadas —el 70 por ciento—además del gasto directo en personal y equipamiento, lo que supone una pequeña parte de la inversión total.

A su juicio, los resultados demuestran la “urgencia” de racionalizar el proceso con el que actualmente se decide qué tecnologías financia la sanidad pública ante la falta de un organismo que evalúe su entrada en el mercado y realice después un seguimiento de sus resultados. El procedimiento real es, según Kovacs, que un profesional comience directamente a aplicar una técnica, mientras que el formal pasa por la ratificación del Consejo Interterritorial de una decisión previa de la Comisión de Prestaciones, que forman 28 cargos políticos delegables que hasta las 48 horas previas a su reunión desconocen el orden del día y la documentación, por lo que los hospitales suelen saltarse este proceso y aplicar la tecnología que ellos mismos deciden.

A esto se suma la ausencia de un registro ordenado de efectos adversos, lo que supone un auténtico peligro para los pacientes teniendo en cuenta que en el caso de los fármacos —de los que sí se han realizado ensayos clínicos—el 50 por ciento de los efectos secundarios se detectan durante la práctica clínica. Por todo ello, tanto Kovacs como el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín, resaltaron la necesidad de realizar ensayos clínicos que midan la eficiencia, la efectividad y la eficacia de las nuevas tecnologías, así como de protocolizar su uso y de hacer un seguimiento de sus resultados con “rigor y transparencia” pues actualmente las evaluaciones no se publican ni se debaten con la comunidad internacional, basando las decisiones, en la mayoría de los casos, en presiones económicas de esta industria. Por ello, esperan que las administraciones revisen estas “bolsas de ineficiencia”, recorten lo realmente inútil y reinviertan en lo que sí es eficiente, unas recomendaciones que llevan varios años lanzando pero que todavía no se han aplicado.

“Los datos del Servicio Canario de Salud son extrapolables pues la práctica es similar”