Gaceta Médica Madrid | miércoles, 26 de marzo de 2014 h |

La prevalencia de la insuficiencia cardíaca está estrechamente relacionada con el envejecimiento. Se estima que el 8 por ciento de la población mayor de 65 años la padece y, por tanto, es muy frecuente en sociedades con elevadas tasas de envejecimiento como España. En concreto, el número de pacientes mayores de 65 años con insuficiencia cardíaca en nuestro país es de alrededor de 650.000. En estos pacientes, además, la comorbilidad es enorme. Las más importantes, por su prevalencia y gravedad, son la enfermedad renal, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la anemia, la obesidad, las enfermedades tiroideas y los trastornos ansioso-depresivos.

Precisamente, la asociación entre insuficiencia cardiaca e insuficiencia renal, el denominado síndrome cardiorrenal, ha sido uno de los ejes centrales de la 16º Reunión de Insuficiencia Cardíaca y Fibrilación Auricular de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que se ha celebrado en el Palacio de Congresos de Zaragoza los días 20 y 21 de marzo. Tal y como ha señalado Luis Manzano, coordinador del Grupo de Trabajo de Insuficiencia Cardiaca y Fibrilación Auricular de la SEMI, “el síndrome cardiorrenal es uno de los factores prónosticos más influyentes en el tratamiento y la evolución de los pacientes con insuficiencia cardiaca”.

Esta asociación entre las dos enfermedades es consecuencia de la estrecha relación que existe entre el riñón y el corazón como estructuras diana de los factores de riesgo cardiovascular. Es decir, los mismos factores de riesgo vascular, como la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la diabetes mellitus o el tabaquismo, contribuyen a la lesión de ambos órganos.

Pero además, cuando uno se afecta incide en el otro, y la disfunción de ambos empeora notablemente su pronóstico. Por tanto, es muy importante establecer una estrategia de abordaje simultáneo de la función renal cuando se trate un paciente con insuficiencia cardíaca y viceversa, además de monitorizar mucho más estrechamente el efecto del tratamiento, ya que un paciente con insuficiencia renal tiene más riesgo de sufrir complicaciones con los fármacos que han demostrado beneficio en la insuficiencia cardíaca.

Otro de los temas que se puso sobre la mesa durante esta Reunión fue que, en la mayoría de los casos (un 80 por ciento), por la edadd, estos pacientes son pluripatológicos. Para Manzano, “es evidente que la forma convencional de asistencia a estos enfermos, por especialidad, origina un abordaje muy fragmentado de la atención, con diferentes facultativos responsables, habitualmente sin que uno de ellos asuma el compromiso de la atención global del paciente”. En este sentido, el internista ofrece una atención de calidad y eficiente, ya que facilita un abordaje integral, en colaboración de otros especialistas, cuando sea necesario, y por supuesto del médico de familia. Recientemente la SEMI ha puesto en marcha un programa de creación de unidades específicas para la atención de estos pacientes, en el que se han adscrito 17 centros de toda España, denominado Umipic (unidades de manejo integral de pacientes con insuficiencia cardíaca), cuyos resultados son muy satisfactorios.

Por su parte, el informe de alta hospitalaria constituye una herramienta muy importante de comunicación entre los profesionales médicos. “Además, contribuye notablemente en la educación del paciente, ya que le ayuda conocer sus problemas de salud, y el autocuidado que requiere cada uno de ellos. Un buen informe de alta facilita enormemente la adherencia del paciente al tratamiento y un buen manejo de la enfermedad”, concluye Manzano.