José A. Rodríguez Barcelona | viernes, 22 de mayo de 2015 h |

Los pacientes que sufren espondilitis anquilosante y artritis reumatoide tienen un mayor riesgo cardiovascular (CV) que sujetos sanos. En concreto, presentan 1,77 veces y 1,5 veces más probabilidades de sufrir un evento cardiovascular, como un infarto de miocardio, una angina de pecho, un accidente cerebrovascular, una arteriopatía periférica o una insuficiencia cardíaca. Estos son los datos que se acaban de presentar del proyecto Carma, un estudio observacional puesto en marcha hace más de dos años por la Sociedad Española de Reumatología (SER) para determinar la incidencia de eventos cardiovasculares en pacientes con enfermedades reumatológicas crónicas.

Como explica María Auxiliadora Martín, de la SER y coordinadora científica del proyecto, aunque ya se conoce que hay relación entre el riesgo cardiovascular y estas patologías, la importancia de este trabajo radica “en que se han ajustado los factores de confusión, como el tabaquismo, la hipertensión, la edad o los antecedentes familiares de cardiopatía isquémica, además de que es un estudio que implica a 67 centros y en el que se van a seguir a los pacientes durante diez años”. Los datos presentados corresponden al momento en que los 2.911 pacientes que participan en el proyecto fueron incluidos en el mismo. Otras cifras del estudio muestran que “la prevalencia de enfermedad cardiovascular en artritis reumatoide es del 10,5 por ciento; en espondilitis anquilosante, del 7,6 por ciento; en artritis psoriásica, del 7,2 por ciento, mientras que, en los controles sanos, es del 6,4 por ciento”, comentó Martín. Asimismo, la prevalencia de hipertensión es del 29 por ciento en artritis reumatoide, del 25,7 por ciento en espondilitis anquilosante, del 29,6 por ciento en artritis psoriásica, y del 23 por ciento en los controles.

Nuevos datos de condroitín sulfato

También se presentaron nuevos resultados sobre la eficacia de condroitín sulfato (CS), un fármaco condroprotector de acción sintomática lenta indicado en el tratamiento de la artrosis y desarrollado por Bioibérica. Los datos corresponden al estudio Mosaic, un ensayo multicéntrico, aleatorizado y doble ciego, realizado en cinco centros de Québec (Canadá). El estudio ha incluido a 194 pacientes, que fueron divididos en dos grupos. Un grupo recibió 1.200 mg al día de condroitín sulfato y otro grupo recibió 200 mg al día de celecoxib. Para comprobar la eficacia del tratamiento, se realizó una resonancia magnética (RM) al iniciar el estudio, otra al cabo de un año y otra pasados dos años. Según el autor principal del trabajo, Jean-Pierre Pelletier, de la Universidad de Montreal, la principal conclusión es que “a los dos años, los pacientes tratados con condroitín sulfato pierden aproximadamente un 25 por ciento menos de cartílago que los pacientes tratados con celecoxib. Es una reducción clínicamente relevante porque a largo plazo esto se traduce en una menor implantación de prótesis”. Una importante novedad de este trabajo es que “hasta ahora sólo se había utilizado la radiografía a tan largo plazo”, señaló Pelletier. Además, a partir del año de tratamiento, los pacientes con condroitín sulfato ya presentaban una menor pérdida de volumen de cartílago. La reducción del dolor, valorada con la escala Womac, fue ligeramente superior en el grupo de celecoxib (54 por ciento) que en el de condroitín sulfato (43 por ciento).

Nuevas moléculas en AR

Otro de los temas destacados del congreso ha sido el de los futuros tratamientos en artritis reumatoide (AR). En este sentido, Peter Taylor, director de la Unidad de Investigación Biomédica Musculoesquelética de la Universidad de Oxford, señaló que se están desarrollando moléculas en nuevas vías de señalización intracelular en esta patología. Una de esas moléculas es baricitinib (en desarrollo por Lilly), un inhibidor selectivo de JAK1 y JAK2 que se administra una vez al día por vía oral y cuya investigación se encuentra en fase 3. Los más recientes resultados señalan que obtiene una mejor respuesta en comparación con placebo a las 12 semanas de tratamiento. “Estas moléculas están mostrando resultados de eficacia similares a los fármacos biológicos inyectables, y su coste de producción es menor”, comentó este experto. Baricitinib consigue reducir la inflamación y el dolor de la articulación, aunque, por otro lado, “aumenta el riesgo de infecciones, pero éstas son infrecuentes”, dijo Taylor.

Terapia por objetivos en osteoporosis

En osteoporosis, Núria Guañabens, jefa del Servicio de Reumatología del Hospital Clínic de Barcelona, comentó que “hay expertos internacionales que están planteando que quizás sería necesario pasar de elegir un fármaco en función de si es de primera o segunda línea a decidir una terapia en función de objetivos”. Es decir, “que el especialista se plantee que quiere reducir mucho el riesgo de fractura o lograr un nivel determinado de densidad ósea, y que escoja el fármaco en función de ese objetivo”.

Guañabens también afirmó que en las nuevas guías de la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral para el manejo de la osteoporosis “teriparatida se ha consolidado como fármaco de primera elección en pacientes con alto riesgo de fractura vertebral y que los SERMs se han consolidado en mujeres jóvenes y más riesgo de fractura de fémur”.

Al año, los pacientes con CS presentan menor pérdida
de volumen de cartílago que los tratados con celecoxib

En osteoporosis proponen planificar la terapia por objetivos, no en función de si un fármaco es de primera línea