GESTIÓN/ Compañía y pagador asumen su responsabilidad si el fármaco no funciona

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Crece el interés por implantar acuerdos que recompensen los resultados en salud

Cataluña da los primeros pasos, aunque reconoce que la implantación es compleja

| 2010-09-24T17:17:00+02:00 h |

Los programas de riesgo compartido no son aplicables a la totalidad de medicamentos, sino que sirven para determinado tipo de fármacos y se deben cumplir determinadas características. Así, están pensados sobre todo para los medicamentos huérfanos o indicados para enfermedades que no cuentan con un tratamiento suficientemente eficaz. Se trata además de medicamentos que suponen un alto coste, en muchos casos biotecnológicos. De forma general, son fármacos en los que se precisa algún tipo de comprobación de eficacia clínica de manera más contrastada.

“En este tipo de medicamentos, el riesgo compartido es más fácil de implementar porque se puede ligar el pago del medicamento en función del resultado clínico”, explica Concha Marzo, directora del área de Market Access de Novartis España. “Lo que interesa es tener acceso rápido a estos medicamentos, algo que permitirán estos acuerdos”, añade.

La biotecnológica Amgen comparte esta visión. Explican que este tipo de acuerdos son más apropiados cuando existe incertidumbre sobre el coste o efectividad de un fármaco durante su uso en la vida real. “En estas situaciones, el riesgo compartido ofrece un medio para dar acceso a los pacientes a los tratamientos requeridos dentro de un entorno controlado. Para los tratamientos con un claro coste y efectividad durante su uso en el entorno real, las opciones de reembolso tradicional son apropiadas, y el riesgo compartido no debería ser necesario”, señalan desde esta compañía.

Aparte de los medicamentos de elevado coste, los biotecnológicos y en los que hay incertidumbre en cuanto al resultado esperado, Antoni Gilabert añade que son susceptibles de ser incluidos en un acuerdo de riesgo compartido los casos en los que el número de pacientes sea relativamente limitado. Además, debe existir un biomarcador, que permita dar con el nivel de respuesta al tratamiento, o algún elemento fácilmente medible. Todas estas características hacen, según Gilabert, que la implantación de acuerdos de riesgo compartido sea muy compleja.

Anna Tarrés

Barcelona

Los programas de riesgo compartido constituyen una fórmula emergente, sobre todo en tiempos de crisis presupuestaria. Estos acuerdos, mediante los cuales tanto la Administración (el pagador) como el laboratorio se hacen corresponsables de la incertidumbre generada en torno a la eficacia del medicamento en su uso real, han despertado el interés tanto de los servicios de salud como de compañías farmacéuticas.

Aunque en España aún no se han desarrollado programas concretos, son vistos como una opción de futuro. En Cataluña, se están dando los primeros pasos para su implantación. El Servicio Catalán de Salud (CatSalut) ha contactado con laboratorios farmacéuticos y trabaja en el modo de desarrollar estos acuerdos. De momento, el objetivo es estar preparados para hacer posible la implantación de estos programas a través de los cuales el precio del fármaco depende de lo acordado por ambas partes, según Antoni Gilabert, gerente de Atención Farmacéutica y Prestaciones Complementarias del CatSalut. Aunque la idea sobre la que se basan estos contratos es simple (“se paga si cura”), Gilabert reconoce que su implantación es muy compleja.

El estudio de ésta y otras alternativas para costear los tratamientos se enmarca en iniciativas del CatSalut como el Bio Workshop, un espacio creado con el fin de debatir sobre las nuevas terapias biológicas y facilitar la toma de decisiones de la Administración. Otra iniciativa en esta dirección de la Administración catalana es el programa de evaluación, seguimiento y financiación de los tratamientos farmacológicos de alta complejidad.

El interés de Amgen

Amgen es una de las compañías más interesadas en el riesgo compartido, y colabora con las autoridades sanitarias para alcanzar futuros acuerdos. Éstos son concebidos por esta biotecnológica como “contratos de precio y reembolso donde el laboratorio y el pagador comparten un riesgo económico según los resultados, utilización o coste del fármaco”.

Una de las principales cuestiones en la financiación de medicamentos es que el valor de la innovación es a menudo poco reconocido en los actuales sistemas de reembolso, que olvidan el valor del tratamiento de cara a la sociedad, el impacto sobre la calidad de vida y la aportación al cuidador y al médico, según se explica desde Amgen. Así, al valor tradicional de los tratamientos (eficacia, seguridad, impacto sobre la mortalidad o compensaciones del coste directo) habría que añadir elementos tales como su comodidad, tolerabilidad, la adherencia y cumplimiento y la productividad. Asimismo, se tendrían que incluir en los sistemas de financiación de fármacos factores como que estén dirigidos a necesidades médicas no cubiertas, que demuestren un alto grado de innovación o que sirvan a grupos de pacientes vulnerables.

En definitiva, “Amgen considera que los contratos de riesgo compartido deberían reflejar el valor completo que ofrece el fármaco dentro de los límites de la indicación de comercialización aprobada”, apuntan desde esta biotecnológica.

Novartis se apunta

Novartis es otra de las multinacionales que trabaja en este tipo de modelos, y va a llevar a cabo diversas pruebas piloto en España, aunque el laboratorio no ha concretado aún en qué van a consistir.

Para Concha Marzo, directora del área de Market Access de Novartis España, detrás de estos sistemas se encuentra la necesidad de garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, y hacer viable la Sanidad desde el punto de vista económico considera esta experta que es responsabilidad de todos los agentes.

Entre los tipos de acuerdos existentes (por volumen, de devolución, basados en el coste y la efectividad, etc.), Novartis apuesta sobre todo por los acuerdos basados en los resultados clínicos. Concretamente, esta compañía está interesado en el modelo capitativo, que es el que la compañía ha implantado en Reino Unido con Lucentis (ranibizumab DCI), fármaco para la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE). Así, mediante un programa alcanzado con la Administración pública, se acordó que ésta pagaría como máximo 14 dosis del tratamiento por paciente.

Novartis está explorando en España otro tipo de experiencias muy innovadoras, como las desarrolladas en Estados Unidos. Entre ellas, la evaluación de las tecnologías sanitarias para el cumplimiento terapéutico en patologías muy prevalentes o crónicas, como las enfermedades cardiovasculares.

La voluntad de seguir aportando medicamentos eficaces a la sociedad, así como el creciente coste que supone la investigación, llevan a la búsqueda de estas nuevas fórmulas de financiación de medicamentos, explica Marzo.

Hospitales receptivos

Esta experta en economía de la salud afirma que el ámbito hospitalario en España también comienza a mostrar interés en estos programas de corresponsabilización de riesgos. De hecho, señala que hay centros que han comenzado a trabajar en su futura implantación.

Uno de ellos es el Hospital Universitario Virgen del Rocío, de Sevilla, que apuesta por este sistema, concretamente, en determinados medicamentos de alto impacto. “De hecho, se han iniciado algunos contactos que todavía no se han materializado en acuerdos concretos”, apunta Javier Bautista, director de la Unidad de Gestión Clínica de Farmacia de este centro.

A su parecer, el interés por los contratos de riesgo compartido se debe a que, “en muchos casos, los nuevos medicamentos que se autorizan tienen un elevado coste y presentan un cierto grado de

incertidumbre en cuanto a su efectividad real en pacientes concretos, de manera que su utilización indiscriminada, sin seleccionar muy bien qué pacientes pueden verse más beneficiados, puede suponer un gran problema de ineficiencia”. Los contratos de riesgo compartido, en los que el precio del medicamento está modulado por su efectividad real, pueden contribuir a aumentar la eficiencia de los medicamentos de elevado impacto económico, según este experto.

Estos acuerdos favorecen la correcta selección de los pacientes que verdaderamente pueden beneficiarse del tratamiento con su fármaco, ya que, según afirma, “a medida que el medicamento es más efectivo, el beneficio económico para el laboratorio farmacéutico es mayor”. Otra de las aportaciones de estos programas es que suponen para los pacientes la posibilidad de acceder a tratamientos que, de otra manera, sería difícil que pudieran recibir.

Sin embargo, según Bautista, estos sistemas topan con dificultades, como que su implantación precisa de la existencia de potentes sistemas de información que permitan hacer un seguimiento fiable de la efectividad de los tratamientos en los pacientes individuales, lo cual puede ser complejo y costoso. También ve como inconveniente la reticencia del propio sector farmacéutico. “El actual sistema de fijación de precios, en el que éste es el mismo independientemente del volumen de ventas y de la efectividad del tratamiento, hace que la industria farmacéutica no sea especialmente partidaria de los contratos de riesgo compartido”, opina Bautista.