| jueves, 21 de noviembre de 2013 h |

Puesto en marcha en 2001, ‘Riete’ tiene ya registrados 49.900 pacientes con enfermedad tromboembólica procedentes de 200 hospitales de 20 países europeos y americanos como Alemania, Francia, Italia, Israel, Estados Unidos y Canadá. Una cifra que crece rápidamente ya que, en julio de este mismo año, Manuel Monreal, del Servicio de Medicina Interna del Hospital German Trías i Pujol y coordinador del estudio, hablaba para GACETA MÉDICA de 47.000 pacientes.

Este registro es útil sobre todo, tal y como ha explicado Pilar Román, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) durante la rueda de prensa inaugural del 34º Congreso de la sociedad, porque “las guías se basan en estudios hechos en pacientes jóvenes, sin otra patología” cuando los pacientes que llegan después a los hospitales son personas mayores y con otras enfermedades asociadas.

Y es que, como ha subrayado Emilio Casariego, vicepresidente de la SEMI, “somos una sociedad que trata personas y esas personas están cambiando”. Debido al envejecimiento poblacional, cada vez son más los pacientes que llegan a los servicios de medicina interna de los centros hospitalarios con más de tres y cuatro enfermedades crónicas de manera simultánea y, en estos casos, “las reglas no siempre están bien establecidas”, ha enfatizado. De ahí que el reto en estos momentos esté en el manejo de estos pacientes con varias enfermedades, proclives a la descompensación y sin unas reglas de manejo claras.

Entre estas enfermedades crónicas, la diabetes es una de las más prevalentes y, por ello, su manejo hospitalario se ha convertido en un reto para los médicos internistas, que deben “evitar la hiperglucemia y, casi más importante, también la hipoglucemia”, ha puntualizado Ricardo Gómez, presidente ejecutivo de los Comités organizador y científico del Congreso. De hecho, un análisis reciente de más de cinco millones de altas hospitalarias entre 1997 y 2010 revela que aquellos pacientes que desarrollan hipoglucemia durante su estancia hospitalaria ven aumentada su tasa de mortalidad en un 10 por ciento.

Para intentar precisamente controlar este problema, se han creado ya dos protocolos de actuación para el tratamiento de la diabetes en el hospital y para el control de la diabetes tras el alta hospitalaria. Entre los puntos más importantes de estos consensos, destacan el mantenimiento del nivel de glucemia entre 140 y 180, la no utilización de antidiabéticos orales y la administración de insulina lenta durante las 24 horas, con picos de insulina rápida según las necesidades del paciente, durante su estancia en el hospital. Ahora, se han puesto en marcha dos estudios observacionales en más de 30 hospitales para comprobar si estos consensos funcionan en la práctica clínica real. Los primeros resultados, anuncia Gómez, podrían estar listos en un año.