| martes, 01 de octubre de 2013 h |

La polémica en torno a la reforma sanitaria de Estados Unidos, conocida como ‘Obamacare’, ha sido finalmente la gota que ha colmado el vaso del inestable statu quo que componen republicanos y demócratas. La decisión del Senado (controlado por el Partido Demócrata) de no retrasar la entrada en vigor de la reforma sanitaria ha llevado al Congreso (controlado por el Partido Republicano) a no financiar temporalmente la Administración federal, abocando a lo que se conoce como un ‘cierre de Gobierno’.

Este mecanismo, cuyo último precedente ocurrió durante la Administración Clinton, en 1995, y duró 21 días, obliga al Gobierno a prescindir de aproximadamente unso 800.000 funcionarios, cuyo sueldo depende precisamente de las ampliaciones financieras que el Congreso está obligado a otorgar de manera periódica. A la vez que los funcionarios entran en un periodo de incertidumbre, todos los servicios, incluidos los sanitarios, también se verán afectados, al verse mantenidos con el personal mínimo hasta que la situación se desbloquee.