| viernes, 09 de enero de 2015 h |

España cuenta con 43 centros de oncología pediátrica que contribuyen con sus datos al Registro Español de Tumores Infantiles (RETI), el cual nació en la década de los ochenta para cubrir una necesidad, hasta entonces, no cubierta: conocer y controlar el cáncer infantil en el país y conocer los resultados de la resistencia de esta enfermedad.

España cuenta con 43 centros de oncología pediátrica que contribuyen con sus datos al Registro Español de Tumores Infantiles (RETI), el cual nació en la década de los ochenta para cubrir una necesidad, hasta entonces, no cubierta: conocer y controlar el cáncer infantil en el país y conocer los resultados de la resistencia de esta enfermedad.

“Sin comparar, no se puede evaluar”, afirma el director del RETI-Sehop, Rafael Peris, quien sostiene que el cáncer pediátrico en España tiene “el comportamiento propio de un país europeo occidental dsarrollado”. Además, añade, si bien es cierto que puede considerarse una enfermedad rara representa entre el uno y el dos por ciento de todos los tipos de cáncer “eso no significa que carezca de importancia”.

Para su estudio, tratamiento y seguimiento están las unidades de referencia. Las hay a nivel autonómico, estatal y aquellas que destacan porque están especializadas en tipos específicos de tumores, menciona el presidente de la Sehop, Tomás Acha, quien ofrece ejemplos de algunas de estas unidades.

El Vall d’Hebron es referente para retinoblastomas y sarcomas de partes blandas); La Fe, para neuroblastomas; el Niño Jesús, para todos los tumores; La Paz, que cuenta con una Unidad de Referencia para retinoblastomas y, también, el CHUS, el Virgen de Rocío y el Hospital Regional Carlos Haya Málaga.

En este punto, Peris apunta que, desde el RETI, se ha estudiado la evolución del cáncer infantil en España y los datos muestran que desde los años noventa “no existe crecimiento apreciable”.

¿Hay diferencias con Europa?

La tendencia actual es de adhesión a todos los protocolos internacionales que existen para determinados tumores, por lo que “no hay grandes diferencias a nivel europeo, dado que la mayoría de países cumplimos el protocolo de tratamiento internacional de la Sociedad Internacional de Oncología pediátrica (SIOP)”, expone Acha.

De acuerdo con el presidente de la Sehop, el protocolo es “bastante uniforme”, lo que facilita que en unos tres, cuatro o cinco años se puede contar con un número suficiente de casos, que permita extraer conclusiones sobre los mejores tratamientos, la mejor forma de tratar a los pacientes y los efectos secundarios que se derivan de dichas opciones terapéuticas.

Respecto a los efectos secundarios, Peris resalta que desde el registro se promueve el seguimiento de aquellos niños que, en su día, padecieron algún tipo de tumor y que superaron la enfermedad. “Hay que seguirlos durante 10, 15 ó 20 años, es lo que llamamos una cohorte de antiguos enfermos de cáncer infantil para verificar los problemas de salud que puedan aparecer”, añade.

Adultos versus niños

Retomando el asunto de los ensayos clínicos en niños, Acha insiste en que la diferencia fundamental reside en que el número de casos de adultos es mayor, resultan más fáciles de realizar y a la industria le interesan más. No obstante, existen directrices europeas que ya han obligado a la industria farmacéutica a que realice más ensayos con pacientes pediátricos, indica.

Para concluir, Acha subraya la idea de que para mejorar la supervivencia se debe apostar por procesos de tipo organizativo y funcional y que se establezcan unidades de referencia en todas las CC.AA.