R.C. Madrid | viernes, 20 de noviembre de 2015 h |

A pesar de que la depresión es el trastorno mental que más costes directos e indirectos genera —”supone un tercio del dinero invertido en patologías del sistema nervioso central y el 1 por ciento del PIB”, explica Guillermo Lahera, investigador del Instituto Ramón y Cajal—, la realidad es que esta patología, todavía hoy, no está bien atendida.

¿Por qué? Fundamentalmente, por la existencia de tres barreras: el estigma, la falta de adherencia y la paradoja del sobrediagnóstico/infradiagnóstico, señala Lahera. Sobre esto último, Lahera destaca que el consumo de antidepresivos se ha multiplicado por tres en los últimos años, una cifra que no encaja mucho con el hecho de que se estima que un 50 por ciento de los pacientes con depresión no están bien diagnosticados y/o tratados. En este sentido, este profesional apunta a la necesidad de “distinguir entre reacciones emocionales ante la adversidad, cuyo tratamiento con antidepresivos es un error, y depresión”.

Pero donde más puede influir el profesional sanitario es en la adherencia. Como apunta Lahera, “el 15 por ciento de los pacientes no empieza el tratamiento y ni siquiera se lo comunica al profesional sanitario”. De los que sí lo adquieren, el 40 por ciento lo abandona en el primer mes y más de la mitad (el 60 por ciento) en los seis meses siguientes.

Un problema porque, aunque lo idóneo es que el tratamiento para un episodio depresivo mayor sea de entre uno y dos años, el tiempo mínimo es de al menos seis meses.Y lo más importante es que Lahera reconoce que la cifra de no adherencia es en parte “culpa de los profesionales”, que a veces no transmiten al paciente sensación de continuidad o no le explican los posibles efectos secundarios de los fármacos. Asimismo, Luis Cabello, jefe del Servicio de Psiquiatría de HM Hospitales, señala el elevado coste de la psicoterapia como otro de los motivos por los que “la depresión no está todo lo bien atendida que debería”.

En lo que sí que están de acuerdo ambos profesionales es en la efectividad de unos fármacos que logran remisión en un 67 por ciento de los “casos reales” tras tres líneas de tratamiento, señala Cabello, que explica que los peores resultados de los ensayos se deben a que aquí no es posible elegir el fármaco idóneo para cada paciente según sus características (número de episodios, frecuencia entre ellos, edad, etc). Eso sí, Lahera ha subrayado que el objetivo de la psiquiatría no debe ser la remisión sintomática, sino la recuperación funcional, es decir, que el paciente vuelva a su vida de antes.