R.C. Toledo | viernes, 30 de noviembre de 2012 h |

Si bien es cierto que la transmisión del VIH durante el embarazo y el parto ha disminuido considerablemente a menos del uno por ciento gracias a la administración de terapias antirretrovirales y medidas de profilaxis, la transmisión vertical durante la lactancia todavía ocurre en entre un 7 y un 15 por ciento de los casos. El proyecto ‘Cortesía’, iniciativa del Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla, pretende precisamente evitar esos porcentajes de contagio por lactancia entregando leche de manera gratuita a madres infectadas por VIH durante los primeros seis meses de vida del bebé.

No contentos con esto, la organización del congreso se propuso en esta edición “llegar a cero” en la transmisión vertical. “Por pocos casos que se produzcan ya son muchos, sobre todo si pueden evitarse”, subrayó Pere Domingo, presidente de Gesida. Y es que, tal y como apuntó, entre enero de 2005 y diciembre de 2011, se diagnosticaron en España 170 niños con VIH, de los que el 86 por ciento habían sido contagiados por vía vertical, una situación con la que Domingo asegura que la sociedad “no puede conformarse”.

Pero todavía existe una gran cantidad de niños que nacieron antes del descubrimiento de esta profilaxis y que, a día de hoy, han alcanzado la adolescencia e incluso, muchos de ellos, ya han sido derivados a unidades clínicas de VIH para adultos. Una edad difícil en la que, como coincidieron todas las ponentes de la mesa redonda, se juntan dos problemas: el paso a la vida adulta y el cambio a una unidad médica con una atención menos personalizada. Una comunicación constante tanto entre ambos servicios como entre pediatra y paciente se vuelven aquí herramientas de utilidad, sugirió Caroline Michaelis, pediatra del Hospital St. Mary, de Londres.

Además, María Isabel González-Tomé, del Hospital 12 de Octubre, habló de las complicaciones hepáticas, pulmonares, óseas y cardiovasculares en estos niños, que muchas veces se infradiagnostican, y habló de un nuevo proyecto en estudio, según el cual parece que el retraso neurocognitivo observado en estos pacientes vendría más por la situación social en la que viven que por un déficit neurocognitivo derivado del VIH.