Cardiologia/ Es un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares

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r.c. Madrid | viernes, 30 de agosto de 2013 h |

El latido cardiaco es imprescindible para el correcto desarrollo del epicardio, la capa externa que recubre el corazón. Así al menos se desprende de un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) publicado en la última edición de la revista Current Biology y en el que han participado investigadores del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, la Universidad Complutense y el Instituto de Genética y Biología Molecular y Celular de Estrasburgo.

Gracias a la utilización de un modelo experimental de pez cebra, uno de los preferidos en los últimos años “porque permite visualizar la formación de un embrión bajo un microscopio y se desarrolla con extrema rapidez”, explica Nadia Mercader, líder del estudio, este equipo de investigación ha logrado identificar corrientes de fluido producidas por el latido cardiaco que están directamente implicadas en la formación del epicardio.

Así, durante el desarrollo embrionario, el corazón es el primer órgano en adquirir su función y ya desde etapas muy tempranas comienza a bombear sangre y a generar un flujo sanguíneo importantísimo para la oxigenación de los órganos y para la maduración de las céluas que recubren la pared interna del corazón y los vasos sanguíneos, además de para la formación del epicardio, tal y como se observa en este estudio.

Según los ensayos llevados a cabo por este grupo de investigadores, de la misma manera que el latido del corazón pone en marcha el flujo sanguíneo en el interior, también en el exterior produce corrientes de fluido pericárdico. Unas corrientes que, según los datos aportados por el estudio, son las responsables de la formación del proepicardio, un grupo de células situadas en la base del tubo cardiaco embrionario de las que se liberarán posteriormente las células precursoras del epicardio.

Una vez liberadas, estas células precursoras “flotan” alrededor del corazón hasta que terminan uniéndose a la superficie del miocardio, formando finalmente el epicardio. “Esto demuestra que el funcionamiento del corazón está estrechamente ligado al desarrollo y que las fuerzas biomecánicas juegan un papel muy importante en la formación del epicardio”, concluye Mercader.