Gaceta Médica Barcelona | miércoles, 16 de septiembre de 2015 h |

Un trabajo dirigido por el investigador ICREA Cayetano González, del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona), y publicado en Nature Protocols, describe un método de investigación con moscas Drosophila melanogaster con 80 años de historia que ha estado a punto de caer en el olvido. Dicha técnica permite trasplantar tejidos de larvas a moscas adultas para estudiar el crecimiento tumoral y otros procesos biológicos de interés biomédico como la regeneración de tejidos.

En 2002, Cayetano González, jefe del grupo de División Celular en el IRB Barcelona, se encontró con un problema técnico para estudiar el crecimiento tumoral en las moscas del vinagre. En Drosophila, los tumores malignos crecen sin límite y matan al individuo. La solución podía pasar por el trasplante de tumores, un ensayo habitual en la investigación del cáncer en mamíferos, incluido el cáncer humano, que consiste en trasplantar el tumor a ratón. Con casi un siglo de estudios con la mosca, cabía esperar que entre la batería de técnicas desarrolladas para investigar con Drosophila, hubiera una para el trasplante de tejidos. “Y en efecto así fue, pero los artículos metodológicos eran escasos e incompletos, con lo que reproducir la técnica en el laboratorio se hacía extremadamente complicado”, detalla González.

La técnica, desarrollada hacia 1935, se usó extensamente en las décadas siguientes, cayendo en desuso y prácticamente desapareciendo a finales del siglo pasado. “El caso es que en 2002 sólo un número muy reducido de investigadores en todo el mundo poseía este valiosísimo conocimiento”, explica. El profesor János Szabad de la Universidad de Szeged, en Hungría, era de los pocos científicos que seguían usándola e invitó a González a su laboratorio. A partir de entonces, González la ha aplicado para sus estudios con modelos de cáncer en moscas y su laboratorio ha acogido científicos de centros de Europa, Estados Unidos, India y Australia para aprenderla. El método consiste en disecar el tejido de interés, cargarlo en una micro aguja de cristal construida a tal efecto e inyectarlo en una mosca adulta. “En realidad es sencillo. No obstante, hay multitud de pequeños detalles, desde la construcción de la aguja hasta el cuidado de las moscas implantadas, que resultan fáciles de realizar cuando se aprenden de un experto pero muy difíciles de reproducir sin entrenamiento”, describe González.