José A. Rodríguez Barcelona | viernes, 30 de octubre de 2015 h |

A día de hoy únicamente existe un fármaco biológico (belimumab) autorizado para el tratamiento del lupus eritematoso sistémico (LES). “Por eso es tan necesario seguir investigando en el desarrollo de nuevas terapias biológicas para abordar esta patología”, señaló José María Pego Reigosa, reumatólogo del Complejo Universitario de Vigo y uno de los coordinadores del I Foro de Terapia Biológica en LES. Como explicó este experto, entre los tratamientos que se están investigando “lo más novedoso son las terapias dirigidas contra el interferón alfa, es decir, moléculas que tienen como objetivo bloquear este interferón, que parece que juega un papel importante en las manifestaciones clínicas del lupus”. En pacientes que sufren esta patología, se ha observado que hay niveles aumentados en la sangre de interferón alfa. Además, estudios con microarrays de oligonucleótidos indican que el 70 por ciento de los pacientes adultos con LES manifiestan un patrón de sobreexpresión de genes relacionados con este interferón. “Los ensayos relacionados con el intereferón alfa están en fases dos y tres, así que, con suerte, quedan unos tres años para que el proceso de investigación finalice”, comentó Pego Reigosa.

También hay terapias biológicas en desarrollo dirigidas contra los linfocitos B, señaló este experto. El objetivo de estos tratamientos es “inhibir la proliferación de estos linfocitos”, ya que la producción de autoanticuerpos es clave en la inmunopatogenia del lupus. Los linfocitos B colaboran con los linfocitos T para provocar una respuesta inmune autoagresiva.

Precisamente, belimumab es un anticuerpo monoclonal que inhibe el estimulador soluble de los linfocitos B (BLyS). Entre las ventajas de este fármaco con respecto a las terapias tradicionales para el lupus, Pego Reigosa comentó que “probablemente tenga una menor toxicidad y permite utilizar menos dosis diarias de corticoides y durante menos tiempo”. Este experto explicó que, “aunque las terapias biológicas son relativamente seguras”, siempre hay que tener en cuenta ciertas contraindicaciones, “como excluir la existencia de una infección activa, un tumor o una infección latente tuberculosa, por ejemplo”.

Asimismo, también destacó que, tras la aprobación de belimumab en 2011, el fármaco “ya ha demostrado en la vida real, más allá de los pacientes seleccionados de los ensayos clínicos, y durante un plazo de tiempo relevante, su eficacia y su seguridad, ya que no se han visto más efectos adversos que los detallados en los estudios”.

En cuanto al momento más adecuado para empezar a administrar este fármaco, Pego Reigosa indicó “que previamente sería necesario que el paciente haya sido tratado con un antipalúdico y quizás al menos un inmunosupresor no biológico”.