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estudio/ El sistema sanitario español debe hacer frente a “cambios profundos” si quiere desarrollar una buena planificación a largo plazo

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Con la evolución hacia un espacio sociosanitario y el paso de un paradigma asistencial a otro preventivo aparecerán otros especialistas

El documento propone una oferta pre y posgrado “coherente”, flexibilizar el númerus clausus y homologar a mestos y extracomunitarios

| 2010-03-05T15:47:00+01:00 h |

MÓNICA RASPAL

Madrid

¿Cuántos médicos necesita nuestro sistema sanitario? Sobre esta pregunta tantas veces planteada hasta ahora sólo se han arrojado respuestas basadas en información que parte de modelos de simulación que proyectan al futuro la situación actual.

Sin embargo, la cifra no debe ser el objeto principal de reflexión de poderes públicos y organizaciones profesionales, pues dicho número dependerá del modelo de planificación que se acuerde para los próximos 50 años, que estará condicionado por los “cambios profundos” a los que el sistema tendrá que hacer frente.

“Si nos limitamos a incidir en el número de médicos y no afrontamos una reconversión teniendo en cuenta todos los elementos y poniendo la visión en el largo plazo nos equivocaremos”, aseguró Maravillas Izquierdo, una de las autoras del estudio “Las necesidades de médicos en España”, elaborado por la Fundación AstraZeneca y la Cátedra de Salud Pública de la Universidad Europea de Madrid, que tiene por objetivo propiciar un debate en profundidad sobre los cambios que va a experimentar el SNS que sirva de punto de partida para diseñar una estrategia global con el mayor consenso posible.

Durante la presentación de este documento, Izquierdo incidió en la importancia de marcar los determinantes en los que hay que reparar, pues deben conducir a una buena planificación sanitaria. Es el caso del proceso de adaptación de los estudios de Medicina al Plan Europeo de Bolonia que, en su opinión, modificará profundamente la asistencia sanitaria que hasta ahora ha residido fundamentalmente en los médicos pero en la que aparecerán otros especialistas en el cuidado de la salud, a lo que contribuirá también el cambio en el patrón de las enfermedades y la cronificación de éstas que se está produciendo en España.

Para la autora, habría que reorganizar la estructura hacia un modelo sociosanitario —sin dejar de lado la excelencia que se requiere para la atención especializada— centrando la atención en los procesos y pasando de un paradigma más asistencial a otro más preventivo y de medicina individualizada para orientar en ese sentido la planificación de recursos humanos. Coincidiendo con esta teoría Julio Sánchez Fierro, uno de los coordinadores de la obra y patrono de la Fundación AstraZeneca, insistió en que un planteamiento a corto plazo y exclusivamente cuantitativo no va a solucionar el problema de necesidades profesionales. Dado que falta información suficiente y fiable —pues no se ha elaborado el esperado registro que contempla la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS)—, Sánchez Fierro cree que tampoco hay que dedicar tanto tiempo a lamentar esta insuficiencia, sino levantar la vista y analizar otros factores.

Además de los mencionados por Izquierdo, Sánchez Fierro aludió a la reforma de la formación especializada con la troncalidad como “polémica” central aún no resuelta. En su opinión, dejar poco espacio a la formación de especialistas reducirá el número de éstos y repercutirá negativamente en la calidad del sistema, como también lo hará si esta reforma pretende corregir problemas y carencias de la formación de pregrado. En cuanto al númerus clausus, el coordinador del estudio apuesta por flexibilizarlos, así como por establecer una oferta pre y posgrado “coherente y razonable”.

Para Sánchez Fierro lo importante es huir de soluciones urgentes y de la toma de decisiones aisladas. Por ello, este documento también plantea, entre otras medidas, homologar de forma ágil y justa a los médicos sin título oficial (mestos) y a los extracomunitarios, flexibilizar el horario laboral, retrasar voluntariamente la edad de jubilación, reducir la burocracia en la asistencia, aumentar la autonomía de gestión de los centros y redefinir los roles profesionales.