Inmunología/ Al erradicar la enfermedad los efectos adversos cobran protagonismo

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Los expertos defienden la importancia de la variable riesgo-beneficio en los programas de inmunización frente a puntuales polémicas
| 2010-07-16T16:43:00+02:00 h |

Poliomielitis. Una semana después de la comercialización de la primera vacuna un problema con la inactivación de dos lotes de uno de los laboratorios puso en entredicho sus beneficios. El riesgo de polio paralítica se pudo conocer desde el inicio en la vacuna atenuada oral. Con la inactiva este riesgo es prácticamente nulo.

Tos ferina. En los setenta numerosas publicaciones la asociaron con casos de complicaciones neurológicas graves y estalló una gran polémica. Los estudios posteriores no encontraron asociación con éstas ni con el síndrome de muerte súbita del lactante aunque sí con alteraciones menores. Recientemente, mediante estudios genéticos se ha señalado al síndrome de Dravet como responsable de muchas de las encefalopatías que se asociaban a la vacunación.

Triple vírica. A finales de los noventa Wakefield publicó un artículo que la asociaba al autismo. El trabajo estaba lleno de errores metodológicos, el autor tenía importantes conflictos de intereses y 10 de los 12 autores se retractaron de la interpretación de los resultados.

Hexavalentes. Se asociaron a la muerte súbita tras la comunicación de cinco casos en las 24 horas siguientes a su administración en Centroeuropa. La EMA emitió una “señal” y se iniciaron estudios para poder confirmar una relación que no se logró hallar.

E. sainz Corada

El Escorial (Madrid)

Al igual que otras medidas preventivas o terapéuticas, las vacunas no pueden ser inocuas al cien por cien y, en ocasiones, presentan efectos adversos. Al margen de esta obviedad, otro hándicap es que a medida que van cumpliendo su objetivo de acabar con una enfermedad y ésta es olvidada, esos efectos se hacen proporcionalmente más visibles.

Es por eso que se puede decir que las vacunas son víctimas de su propio éxito. Antes de su comercialización son sometidas a ensayos clínicos con un importante número de pacientes incluidos y una vez en el mercado la farmacovigilancia trabaja de manera exhaustiva recogiendo y documentando efectos adversos y complicaciones vacunales en situaciones rutinarias de aplicación a millones de receptores.

Pero en ocasiones la gravedad y magnitud de determinadas reacciones o complicaciones observadas puede llevar a la decisión de suspender la vacunación antes de que los datos puedan ser analizados y sea descartada —o confirmada— la asociación de éstas con la inmunización, invocando el “principio de precaución”, con la consiguiente alarma social que ello genera. Y eso es lo que viene sucediendo de forma periódica, como los casos ocurridos en nuestro país recientemente —con las vacunas del VPH, rotavirus o incluso la polémica suscitada con la de la gripe A— que han puesto en el punto de mira y en entredicho esta medida de prevención.

Sin embargo, como recordó Francisco Salmerón, jefe de División de Productos Biológicos y Biotecnología de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios en su ponencia “Las intervenciones de las autoridades sanitarias durante la comercialización de vacunas a lo largo del tiempo”, desde que en 1964 se aprobara la primera en España —la de la polio, y que fue el origen del actual calendario— “constantemente se está actuando en este sentido porque no se puede estar seguro”. “No todos los datos se pueden obtener antes de la autorización”, continúa.

Así en un recorrido a través de la historia puso como ejemplos las del sarampión, rubeola y parotiditis, las hexavalentes o la tosferina (ver cuadro). En ocasiones estas intervenciones tienen que ver con el momento de aplicación más propicio. Tal es el caso meningitis C que “se cambió el calendario porque se vio que era más eficaz si se daba después del primer año de vida”, explicó.

El caso de la hepatitis B

Algunos casos ‘míticos’ (ya probado como falsos) a propósito de los supuestos efectos perniciosos de las vacunas son los que relacionaron autismo con la del sarampión, o esclerosis múltiple con la de hepatitis B. Sobre este último caso habló Luis Salleras, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

Después de dos décadas de polémica (fue en los noventa cuando se vieron los primeros informes de casos), la suspensión del programa en Francia y numerosos estudios, ha concluido por fin este mismo año tras la publicación de cuatro trabajos que dan lugar a dudas: no hay asociación estadística significativa entre ambos hechos. Además, apunta Salleras, en “en el hipotético y remoto caso de que existiera la variable riesgo-beneficio es favorable a la vacunación”.