LucÍa Barrera, Directora de
Gaceta Médica
| viernes, 02 de mayo de 2014 h |

Si Facebook fuera un país sería el tercero más grande del mundo, cada segundo dos nuevos usuarios se registran en Linkedin, una de cada cuatro parejas se conocieron online, y las redes sociales están involucradas en uno de cada cinco divorcios. Estas cifras de Socialnomics dan idea de la magnitud que han adquirido los medios sociales, y la salud no está fuera de esta tendencia. De hecho, según una revisión del Journal of Medical Internet Research, los usos de las redes en salud buscan aumentar las interacciones, compartir y obtener información, conseguir apoyo emocional, vigilar la salud pública o influir en las políticas sanitarias. Al mismo tiempo, las limitaciones se concentran en problemas de calidad y en la falta de confiabilidad y privacidad.

Pero, ¿se está sacando, sanitariamente hablando, el partido suficiente a las posibilidades que ofrece todo este entramado en la red? Si acudimos al informe ‘TopTen Salud 2.0’ de Janssen, la comunidad sanitaria 2.0 no se ha constituido como una fuente de información complementaria a las tradicionales, y la comunicación que fluye en el colectivo profesional es muy endogámica. Los datos de un informe de IMS señalan que, a la hora de tomar decisiones clínicas, los médicos estadounidenses emplean el doble de tiempo en recursos online que impresos y dedican a ver vídeos por motivos profesionales tres horas a la semana. A pesar de ello, la interlocución con los pacientes sigue siendo tarea pendiente, que no se practica salvo honrosas excepciones, pero que, hecha con profesionalidad y con unas reglas claras puede aliviar la presión asistencial.

En el otro lado, las instituciones y empresas siguen una marcada tendencia hacia la comunicación unidireccional. Aunque el sector farma avanza en la creación de canales en redes sociales, a veces las empresas se lanzan a abrir cuentas sin tener en cuenta que sus webs son estáticas y con pocas posibilidades de diálogo. Aunque, a diferencia de lo que sucede en EE.UU., en Europa existe una fuerte limitación regulatoria que podría echar para atrás muchas iniciativas, a la industria aún le queda margen de maniobra para avanzar en este campo de la bidireccionalidad.