LucÍa Barrera, Directora de
Gaceta Médica
| viernes, 11 de julio de 2014 h |

Que la demanda de las prestaciones sanitarias va a ser mayor en los próximos años, por una cuestión puramente demográfica, y que esto está suponiendo un quebradero de cabeza para los gestores sanitarios no es ningún secreto y tampoco es una situación exclusiva de nuestro país. Así lo demuestran las declaraciones que hacía esta semana el ministro de salud británico, que situaba en cerca de 38.000 millones de euros más al año la inyección extra de dinero necesaria para mantener las prestaciones actuales del National Health Service a finales de esta década.

Y aunque ya se sabe que mal de muchos consuelo de tontos, lo cierto es que la cifra coincide con las barajadas por los expertos en nuestro país. Hay que buscar fórmulas y en esto, nuestros vecinos británicos parecen llevarnos la delantera. Al hecho de que a la hora de evaluar qué prestaciones son las que deben incluirse por su coste-efectividad en el NHS nos llevan 20 años de ventaja gracias a su famoso NICE, se suma una cultura más práctica y orientada a la búsqueda de soluciones. Sólo hay que ver cómo las entidades colegiales ponen sobre la mesa medidas que casi serían impensables que se plantearan en nuestro país, tales como el cierre de hospitales.

Mientras, aquí seguimos perdiendo el tiempo en luchas políticas, en pactos que no llegan y en hacer diagnósticos del estado de situación. La semana pasada Agustín Rivero apuntaba a la reinversión y a la desinversión como la tabla de salvación del SNS pero desde el ministerio parece que cuesta mucho ponerle el cascabel al gato. Entre tanto, desde las comunidades autónomas unas miran al Paseo del Prado y otras piden que se amplíen sus competencias para poder dar pasos adelante. Es el caso de Cataluña, el conseller Boi Ruiz considera que las autonomías tienen las manos atadas para avanzar: ni tasas finalistas para conseguir financiación extra, ni posibilidad de incluir o sacar cosas del catálogo de prestaciones.

La inactividad y la falta de toma de decisiones, ése sí que es el mal endémico de nuestro sistema sanitario.