Lucía Barrera, Directora de
Gaceta Médica
| viernes, 18 de septiembre de 2015 h |

Afortunadamente los hechos no dejan de suceder porque se ignoren. Hoy se puede afirmar que contamos con los conocimientos científicos, así como con las herramientas biotecnológicas y clínicas para aplicar la medicina individualizada. Desde el pistoletazo de salida que supuso hace 15 años el Proyecto Genoma Humano, son varias las iniciativas que se han puesto en marcha en este sentido, como el Proyecto Genoma 100.000 del gobierno británico o la Iniciativa de Medicina de Precisión de Obama, que con una inversión de 215 millones de dólares pretende conseguir un millón de genomas completos.

Estamos en un momento clave, en el que debe tomarse la decisión de apostar decididamente por la medicina genómica con todos los cambios que ello implica en el sistema sanitario o ignorar lo que ya es una realidad y dejar pasar unos 10-20 años, que es lo que la historia de la ciencia nos dice que se han tardado en adoptar algunas de las tecnologías más punteras. El principal escollo no es otro que el desconocimiento y no sólo por parte de los gestores y la población sino también por parte de los profesionales. Es necesario, por tanto, formar, realizar una evaluación rigurosa de los resultados (para que no se infra ni sobrevaloren) y normativizar y estandarizar los procesos, de manera que se evite la variabilidad y la falta de coordinación, integrando, por ejemplo, los servicios de genética dentro de los hospitales.

Dice el catedrático de Medicina Genómica y presidente de Euroespes, Ramón Cacabelos, que desde un punto de vista técnico se está en condiciones de identificar a un 60 por ciento de la población en riesgo de padecer una demencia y por tanto, de establecer medidas de prevención de manera individualizada y es que ya se puede conocer con un 80 por ciento de precisión que tratamiento se le puede dar a cada paciente dentro de cada perfil. Los estudios indican que la implantación de un tratamiento personalizado para los fármacos de mayor uso supondría un 26 y 36 por ciento de ahorro de gasto farmacéutico. Tenemos las armas, ahora falta la voluntad política.