LucÍa Barrera, Directora de
Gaceta Médica
| viernes, 12 de septiembre de 2014 h |

Obras faraónicas, anuncios rimbombantes, concursos por doquier… Así como se construyeron viviendas, oficinas e incluso aeropuertos por encima de la demanda real, los políticos se sacaban de la chistera en la época de bonanza hospitales para conseguir el correspondiente rédito electoral, sin una planificación clara ni tener en cuenta las consecuencias a largo plazo.

Nada menos que once han sido los hospitales edificados en la Comunidad de Madrid. Muchos se inauguraron a la carrera por Esperanza Aguirre intentando escapar de la crisis. Del listado queda pendiente el Hospital de Collado Villalba, construido y vacío desde hace meses, y por el que los madrileños tienen que pagar mensualmente para su mantenimiento. Y si hablamos de obras paralizadas, la palma se la lleva el Hospital de Toledo, una construcción de proporciones descabelladas que los populares heredaron, que tuvieron que frenar al subir al poder por la imposibilidad de asumir sus costes, y que ahora se ha reactivado tras eliminar costes como “los azulejos portugueses” que aparecían en el proyecto inicial. No son éstas las únicas comunidades con centros de dudoso futuro. Galicia, Extremadura y Castilla y León también se encuentran, de una u otra forma, en esta tesitura.

Lo preocupante es que no hay marcha atrás y mucho menos teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones autonómicas, donde inaugurar vende. No hay valentía para reconocer que en vez de racionalizar recursos o renovar infraestructuras, se están duplicando servicios, de manera que no se cumple con el cupo de pacientes que recomiendan las sociedades científicas. Todo ello puede desembocar en una bajada de la calidad asistencial y hacer tambalear las cuentas autonómicas.

Con este panorama también los ciudadanos deben hacer un ejercicio de responsabilidad. A todos nos tranquiliza tener a la vuelta de la esquina unos profesionales cualificados a los que acudir, pero hay que ser coherentes porque las consecuencias de los derroches correrán a cargo de nuestro bolsillos.