LucÍa Barrera, Directora de
Gaceta Médica
| viernes, 27 de junio de 2014 h |

Los datos del análisis presentado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) vienen a corroborar algo que es un secreto a voces: las desigualdades que existen en el Sistema Nacional de Salud se traducen en una cuestión de vida o muerte.

El hecho de que un servicio tenga implantado un protocolo que genere que el paciente que sufre un infarto agudo de miocardio llegue al hospital para que se le destape la arteria coronaria taponada mediante angioplastia primaria en los primeros 90 minutos desde que se ha producido el evento, no sólo supone una diferencia entre vivir o no vivir, sino entre vivir con o sin calidad de vida.

La controversia sobre si las transferencias sanitarias han sido positivas o negativas, o de si son las responsables de las inequidades no sólo no está muerta, sino que cada vez genera más polémica y hiere más sensibilidades, incluso, entre los profesionales sanitarios. Sin embargo, es un debate estéril que no lleva a ninguna parte. No hay vuelta atrás porque, ni las comunidades autónomas están dispuestas a ceder terreno —máxime cuando son de sus arcas de donde sale la financiación de las prestaciones—, ni el Gobierno Central quiere meterse en esos berenjenales, ni los ciudadanos querrían renunciar a una sanidad más cercana, que es el mayor logro de las transferencias.

En definitiva, no se puede esperar que el ministerio de Sanidad recupere su liderazgo para intentar remediar las inequidades, por eso es perentorio que el guante lo recojan las sociedades científicas, como garantes de la calidad. La SEC ha dado un paso adelante en este sentido, adoptando una actitud proactiva, tanto en la evaluación de las innovaciones que son susceptibles de incorporarse a la práctica clínica, como en el establecimiento de indicadores y parámetros que permitan medir con transparencia los resultados en salud. Sin duda un intento loable que no pretende acabar con las diferencias autonómicas, sino conseguir que el abordaje de los pacientes esté lo más próximo posible a unos estándares mínimos de calidad.