C. S. Madrid | viernes, 04 de marzo de 2016 h |

El cannabis es, tras el alcohol y el tabaco, la tercera sustancia más consumida en todo el mundo. Eso sí, dentro de las ilegales, es la más consumida.

Sobre la legalización del cannabis se hablará probablemente en la próxima reunión de la Asamblea de Naciones Unidas que se celebrará en Washington el próximo abril, pero de lo que sí se habló durante el XXIV Curso de Actualización en Psiquiatría, organizado en Vitoria-Gasteiz desde el 2 hasta el 5 de marzo, fue sobre la problemática derivada de su consumo.

La conferencia inaugural ‘Nuevos retos en salud mental: el dilema del cannabis’ corrió a cargo de Marta Torrens, directora del proceso de Adicciones del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones (INAD) del Parc de Salut Mar, de Barcelona. En ella, se puso de manifiesto que los efectos adversos se observan en la salud mental de quienes lo consumen.

“Cuanto antes se empieza a consumirlo, más probabilidades existen de padecer problemas importantes a nivel cognitivo, porque interfiere en todos los procesos cerebrales ejecutivos, de memoria y atención”, explica Torrens.

Asimismo, baja el rendimiento y puede contribuir a la aparición de enfermedades mentales. “El punto crucial es que hace más daño, cuanto antes se consume y cuanta más cantidad”, apostilla.

Entre los 15 y los 24 años es cuando el consumo está en el punto máximo y esto influye en que el riesgo de convertirse en adicto, aumente. “Uno de cada 10 consumidores de cannabis va a ser adicto (si se consume de manera ocasional), pero si consume diariamente el porcentaje puede llegar al entre 25 y 50 por ciento”, agrega.

Torrens, hace especial hincapié en que hay mucha información sobre la utilidad terapéutica del cannabis, pero evidencia científica, puntualiza, “no tanta”.

“Sí que hay enfermedades en las que esta sustancia, o sus derivados, funciona bien”. En concreto, el dolor crónico y la espasticidad muscular como ocurre en la esclerosis múltiple (EM) son dos ejemplos en donde el consumo de cannabis tiene beneficios.

Aparte, se cuenta con evidencia, “aunque no tan intensa”, con el efecto que tiene sobre las náuseas y los vómitos provocados por algunos tratamientos oncológicos e, incluso, para el Síndrome de Gilles de la Tourette. “En estos cuadros, se ve que puede ser útil pero cuando se ven los efectos secundarios se observa que estos son mayores que los que se dan con los tratamientos convencionales”, advierte la experta.