Alejandra L. Souza Madrid | viernes, 03 de octubre de 2014 h |

A pesar de que se esperaba que el análisis de un subgrupo específico con RAS de tipo nativo del estudio Calgb diferenciara más a las dos biológicos estudiados (cetuximab o bevacizumab más quimioterapia —folfox o folfiri—) respecto a los resultados que se presentaron este año en ASCO, lo cierto es que los datos no han hecho más que reafirmar que tanto el anti-EGFR como el antiangiogénico son fármacos de elección para el abordaje de pacientes con cáncer colorrectal metastásico (CCRm) en primera línea.

De este modo, los datos presentados en ESMO analizaron los resultados de eficacia en el subgrupo de pacientes RAS en las dos ramas mostrando un incremento en la tasa de respuestas de 56 por ciento frente a 68 por ciento a favor de cetuximab, si bien estas cifras no tienen impacto en la supervivencia libre de progresión (11 vs 10,9) ni en la supervivencia global (30,3 vs 30,8). De hecho, la tasa media de supervivencia global fue de 29,9 meses para el anti-EGFR cetuximab (comercializado por Merck como Erbitux) frente a los 29 meses con el antiangiogénico bevacizumab (comercializado por Roche como Avastin).

De este modo. estos datos corroboran el hecho de que lo que impacta en términos de supervivencia es la secuenciación de los tratamientos. “Los pacientes que tienen RAS no mutado se van a beneficiar de una primera y de una segunda línea y por tanto deberían recibir tratamiento tanto con cetuximab como con bevacizumab, independientemente de que se empiece por uno o por otro, porque eso es lo que impacta en términos de supervivencia”, comentó a GM Eduardo Díaz Rubio, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Clínico San Carlos quien hizo hincapié en que se observa que cuando se discriminan esos pacientes por RAS extendido los resultados en términos absolutos en supervivencia global y libre de progresión son mejores que cuando la población es exclusivamente KRAS. “Esto quiere decir que RAS es también un factor pronóstico de importante magnitud”, matizó.

Para Bertomeu Massuti, oncólogo del Hospital Universitario de Alicante, la conclusión del Calgb es que se puede comenzar por cualquiera de los dos fármacos y a la hora de decantarse por uno o por otro hay que tener en cuenta el objetivo —si se quiere una respuesta rápida o no—, la comorbilidad del paciente y sus preferencias —respecto a efectos secundarios y toxicidad— y finalmente hay que integrar los costes de los tratamientos.

“La crítica que se hizo en ASCO del Calgb era que no se podía analizar sólamente KRAS pero en el análisis extendido a RAS los resultados están en línea, se mejora la selección negativa (excluyendo un porcentaje del 10-15 por ciento adicional) pero esto no hace que en este subgrupo aparezcan diferencias”, apostilló Massuti.

No obstante, estos resultados sí diferen de los del estudio Fire-3 que también compara estos dos fármacos más folfiri en pacientes RAS salvajes y en donde cetuximab muestra una supervivencia mayor que el antiangiogénico. “Es muy difícil comparar dos estudios con pacientes que pueden tener características distintas. Quizás es posible que para la obtención de respuesta sea más interesante comenzar por un anti-EGFR pero después del Calgb esto no descarta la utilización del antiangiogénico”, puntualizó Díaz Rubio.

En opinión de Massuti los resultados del Calgb son más sólidos para integrarlos en la práctica clínica. En esta línea hizo alusión a otra comunicación que se presentó durante el congreso analizando los pacientes que podrían ir a cirugía de rescate de metástasis hepática en función del tratamiento. En este punto se observó que en la rama con cetuximab se habían operado más casos (un 20 por ciento más) que con bevacizumab pero a pesar de ello los resultados en términos de supervivencia fueron iguales.

El reto que se plantea ahora para los especialistas es cómo ordenar los tratamientos, para ello sería necesario contar con ensayos estratégicos teniendo en cuenta también las segundas líneas, con una comparación integrada de las secuencias.