| viernes, 05 de abril de 2013 h |

La situación actual del panorama sanitario es como un catálogo donde hay variedad de opciones para elegir. Las comunidades autónomas empiezan a hacer benchmarking con las medidas de ajuste adoptadas por sus coetáneas. El efecto contagio se ha visto con claridad con el euro por receta catalán, que a Madrid le pareció una buena idea, aunque no fue de la misma opinión el Gobierno central. También gustó a Ignacio González el modelo Alzira y las EBAs catalanas y a Castilla y León el cierre de los PAC que inició su vecina Castilla La Mancha.

Hay cierto revuelo porque otras medidas adoptadas no sean contagiosas. Es el caso de las subastas de fármacos andaluzas, cuyo efecto está siendo además menor que el esperado, ya que en algunos casos las empresas adjudicatarias no han podido hacer frente al abastecimiento y se está dispensando como antes de que entraran en vigor, o del Real Decreto de farmacia de la Comunidad Valenciana que ha conseguido en tiempo récord el desacuerdo de médicos, farmacéuticos e industria.

Planteamientos que ponen en jaque a la administración central, como muestra el hecho de que ya están en el Tribunal Constitucional los dos euros por receta, las subastas andaluzas y no es descabellado pensar que lo estará el texto valenciano, si no hay marcha atrás. Una lástima que las autonomías no se apliquen con más frecuencia aquello de cuando las barbas de tu vecino veas cortar…