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Dr. Bartolomé Beltrán, director de Prevención y Servicios Médicos del Grupo Antena3 | viernes, 03 de mayo de 2013 h |

Hay tres cuestiones en el ámbito de la prescripción que me han interesado mucho esta semana. Por una parte las consecuencias del 12º Curso de Cáncer y Dolor, hacia una oncología sin dolor. Se trataba de manejar el dolor en los pacientes oncológicos.

Hasta el 75 por ciento de los pacientes oncológicos sufren dolor a lo largo del proceso de su enfermedad y a menudo está provocado por el cáncer o por el tratamiento asociado al mismo. Estas cifras varían considerablemente dependiendo del tipo de tumor y del estadio de la enfermedad. En las fases terminales de la enfermedad, por ejemplo, el setenta y cinco por cien de los pacientes padece dolor. Además, se trata del síntoma que más temen los pacientes con cáncer. A este respecto, el doctor Jaime Feliu, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital La Paz y director del curso, indicó que “según las estadísticas, el 67 por ciento de los pacientes describen el dolor como estresante, el 36 como un aspecto insoportable de su enfermedad y el 32 como algo tan malo como para desear la muerte”.

“A pesar de los avances existentes en el tratamiento del dolor y de las guías terapéuticas, más de la mitad de los pacientes reciben un tratamiento inadecuado para su dolor”, aseguró el Dr. Feliu. Además, aclaró que “el enfoque del tratamiento del dolor en el paciente con cáncer debe considerarse conjuntamente con la patología oncológica que padece, así como con los demás síntomas y su repercusión en la calidad de vida y en la esfera psicológica, social y laboral. Es decir, hay que realizar un abordaje integral del paciente con cáncer”.

Por otra parte, Biogen Idec ha anunciado que la Agencia Americana del Medicamento (FDA) ha aprobado dimetilfumarato, un nuevo tratamiento oral de primera línea para personas que padecen formas recidivantes de esclerosis múltiple.

Esta aprobación se basa en diversos estudios que han demostrado clínicamente que dimetilfumarato reduce de manera significativa los brotes y el desarrollo de lesiones cerebrales y retrasa la progresión de la discapacidad a lo largo del tiempo. El consejero delegado de la compañía biotecnológica, George A. Scangos, señaló que dimetilfumarato es “un tratamiento de gran eficacia y con un perfil de seguridad y tolerabilidad favorable, con la comodidad de un comprimido dos veces al día”.

Finalmente, he leído un informe de Europa Press que me ha llevado a las mitocondrias. Ese lugar energético de la célula fuente de numerosas patologías en las que encontramos dificultades terapéuticas. Porque podríamos decir que todo es mitocondrial aunque algunas patologías son específicamente enfermedades mitocondriales. Me refiero a que muchos signos y síntomas clínicos de sospecha de enfermedad mitocondrial pueden ser metabólicos, gastrointestinales, cardiológicos, endocrinos, oftalmológicos, dermatológicos, incluso neoplásicos. Porque en realidad la mitocondrias son pequeños organismos citoplasmáticos implicados en la fosforilación oxidativa. Y curiosamente su función está regulada por un doble sistema genético, uno propio y otro común al resto de la economía orgánica.

Dice que investigadores de la Escuela Universitaria de Medicina de Washington en St. Louis han descrito el eslabón perdido en la comprensión de cómo el daño a las centrales eléctricas celulares del cuerpo conduce a la enfermedad de Parkinson y, quizás sorprendentemente, a algunas formas de insuficiencia cardiaca.

“Si usted tiene la enfermedad de Parkinson, posee un riesgo más de dos veces mayor de desarrollar insuficiencia cardiaca y un 50 por ciento más riesgo de morir por insuficiencia cardiaca”, afirma el autor principal, Gerald W. Dorn II, del ‘Philip & Dima K. Needleman Proof of Medicine’. Esto indica que están relacionados de alguna manera y que ahora han identificado un mecanismo fundamental que une a los dos.

Las células musculares del corazón y de las neuronas en el cerebro tienen un gran número de mitocondrias que deben ser controladas estrechamente. Si a las mitocondrias malas se les permite desarrollarse, no sólo dejan de producir combustible, sino que comienzan a consumir y producir moléculas que dañan las células, un daño que eventualmente puede conducir a la enfermedad de Parkinson o la insuficiencia cardiaca, según el órgano afectado.

Mitofusinas ayudan a fusionar las membranas externas de las mitocondrias. Mitofusina 2 es conocida por su papel en la fusión de mitocondrias en conjunto, así que puede cambiar el ADN mitocondrial en una forma primitiva de la reproducción sexual. Mitofusinas 1 y 2 hacen más o menos lo mismo en términos de fusión mitocondrial. Lo que han hecho es describir una nueva función para Mfn2. Es lo que hay. Seguro.

Nunca jamás en más de treinta años de observación saludable de nuestra Sanidad había visto una congregación de políticos, gestores, profesionales sanitarios de todas las disciplinas y autoridades regionales, autonómicas y nacionales en la misma armonía, conjugada para destacar la irreprochable carrera del gran padre de la familia Murillo de Pontevedra, el Dr. Diego Murillo Carrasco. Podría firmar todas las ponencias que se hicieron sobre su persona y en el origen de las biografías que se quisieron explicar marcó la línea la del Presidente de los médicos de A Coruña, Luciano Vidán.