R.C. Madrid | viernes, 02 de octubre de 2015 h |

Actualmente, el tratamiento en primera línea para los pacientes con urticaria crónica espontánea (UCE) son los antihistamínicos H1 a dosis altas y, preferiblemente, que no produzcan somnolencia. Como ha explicado Ana María Giménez-Arnau, médico adjunto del Servicio de Dermatología del Hospital del Mar, “al ser una enfermedad crónica, son fármacos que se usan durante mucho tiempo y es preferible que tengan los menos efectos secundarios posibles”.

Pero hay pacientes que no responden a estos tratamientos y mantienen un número elevado de habones (más de 25 al día) y picor intenso. La opción, ya en segunda línea, es un cambio de antihistamínicos que, en un porcentaje de pacientes, tampoco funciona. En estos, ya en tercera línea, se suele utilizar cortisona o ciclosporina oral, unos fármacos que, como detalla Giménez-Arnau, tienen “bastantes efectos secundarios”.

Y es aquí donde entra omalizumab, un fármaco que actualmente se utiliza para el tratamiento del asma grave refractario a otros tratamientos, en segunda o tercera línea, y que ahora se comercializa en nuestro país también para el tratamiento de la UCE en tercera línea, en sustitución de la cortisona o la ciclosporina. Indicado de momento solo en UCE —no en UC inducible—, los ensayos demuestran tasas de respuesta de hasta el 58 por ciento en pacientes no respondedores a tratamientos previos.

Un porcentaje que asciende hasta el 84 por ciento en un estudio con 118 pacientes en práctica clínica real realizado por Marta Ferrer, directora del departamento de Alergología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN). Precisamente en este centro se encuentran realizando ensayos en fase IV que les permitan optimizar el manejo de este anticuerpo monoclonal. De hecho, una de las dudas que intentan despejar en la CUN es por qué hay pacientes con remisión espontánea a los 6 meses, mientras que casi un 11 por ciento de pacientes conviven con la UCE sintomática durante más de cinco años.

De momento, lo que sí se sabe es que es posible retirar el fármaco y, en caso de que sea necesario, volver a reintroducirlo sin que exista pérdida de la eficacia, ya que no se generan anticuerpos.