Almudena Fernández Madrid | viernes, 29 de agosto de 2014 h |

Durante un mes negro en lo que a víctimas se refiere, es más importante que nunca señalar que los profesionales de atención primaria juegan un papel fundamental en la detección y abordaje de los casos de violencia de género, sin embargo, no todos tienen todavía asumido que esto forma parte de su labor, por lo que hace falta invertir en formación y sensibilización. Así lo explicó a GM Carmen Fernández Alonso, representante de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) en el Grupo de Trabajo sobre Violencia de Género de la Sociedad Europea de Medicina de Familia (Wonka).

Estos profesionales tienen una labor muy importante porque son quienes están más cerca de la mujer y su familia, por lo que sus posibilidades de detección son mayores. En este sentido añadió que, a menudo, los pacientes confían en quienes los atienden en AP y, por tanto, tienen “muchas más probabilidades” de que les confíen cuál es el problema que a otro profesional al que conocen circunstancialmente en una consulta especializada, más cuando una dificultad esencial es que el número de casos que se conocen es muy inferior al real.

Fernández Alonso agregó que, aunque hace ya algunos años que se pusieron en marcha en la mayoría de las comunidades los protocolos de intervención ante la violencia contra la mujer en AP, en urgencias, y en otros servicios hospitalarios, y se ha formado a los profesionales, “a veces no es suficiente”. Hay ya un porcentaje importante de sanitarios que están preparados al menos para detectar, mientras que otros están suficientemente formados para poder desarrollar la atención y seguimiento de los casos.

Y es que hay médicos que no tienen “la formación más avanzada” necesaria para poder gestionar eficazmente estos casos, por ello, “si no se siente seguro”, una vez detectado un caso de violencia, existen otros recursos a los que puede derivar a esa persona para que sea atendida si ese profesional aún no ha podido acceder a la formación.

“Yo creo que no está justificado decir ‘yo no pregunto porque no sé qué hacer con ello’”, señaló, para añadir que es obligación del facultativo preguntar e investigar porque el mero hecho de que la mujer comparta su problema con un sanitario que la escuche, no la juzgue y la entienda, “ya tiene un efecto terapéutico”. Posteriormente, en muchos casos ese mismo profesional podrá llevar a cabo el seguimiento mientras que en otros se acudirá a otros recursos como las oficinas de atención a víctimas o los equipos de atención psicológica porque, además, el abordaje de este problema es siempre multidisciplinar, “nunca un solo profesional puede dar respuesta a un problema tan complejo” en el que, además de la mujer, deberá trabajarse con su entorno, especialmente con las personas a su cargo —hijos, personas mayores dependientes…—.

Aparte de las lesiones físicas, hay algunas señales que deben alertar al profesional, ya que pueden producirse derivadas de casos de violencia, tales como una baja autoestima, insomnio, ansiedad, depresión, dolores de cabeza, de espalda u abdominales que no responden a ninguna causa orgánica.

La sobrecarga asistencial es otro de los problemas a los que se enfrenta el profesional que, “sin ninguna duda” perjudica la detección de estos casos porque “es muy importante entrevistar a la persona sin agobios y con calma” ya que, además, a veces la mujer está muy afectada emocionalmente y eso “no se puede hacer en cinco minutos corriendo”. Sin embargo, cuando el profesional es sensible al problema y tiene claro que puede ser un elemento muy importante de ayuda, busca otros espacios programando una visita en otro momento en el que pueda atenderla con más tiempo.

España, a la cabeza

A nivel legislativo y normativo, España está a la cabeza de los países europeos, “se ha hecho y avanzado mucho” aunque queda un camino largo por recorrer y, además, la crisis ha ralentizado las actuaciones frente a la violencia de género por un menor presupuesto tanto dedicado a formación de los profesionales como a la mujer. “Creo que estamos bastante a la cabeza, pero nos da un poco de miedo que este avance se pueda parar”, apostilló la portavoz de Semfyc.

En relación con las tareas pendientes, son todavía muchas porque no todos los profesionales de primaria están desarrollando el que debería ser su papel. Además, cada año se detectan más casos, pero queda un largo camino por recorrer. Hace falta realizar un gran trabajo en sensibilización, tanto entre los sanitarios como a la población general, educando en igualdad desde la infancia. Asimismo, se deberá formar a los facultativos y dotarles de las herramientas necesarias para que sean capaz de ver, atender y gestionar casos tan completos como los que a la violencia contra las mujeres se refieren, afirmó Fernández alonso. Faltan también muchos recursos y existen todavía carencias importantes, además, en los últimos tiempos hay algunas ayudas que han disminuido e incluso desaparecido con los ajustes económicos.

La baja autoestima, el insomnio o dolencias sin causa orgánica son síntomas de alarma