GM Madrid | viernes, 08 de enero de 2016 h |

Un estudio realizado por investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) ha identificado un nuevo mecanismo a través del cual las células troncales de la sangre controlan tanto su propia proliferación como las características del nicho que las alberga. La responsable es la proteína E-Selectin Ligand-1 (ESL-1).

Los autores del trabajo, liderado por Andrés Hidalgo y Magdalena Leiva y publicado en Nature Communications, han visto que la proteína se expresa en grandes cantidades en estas células madre y que controla la producción de la citoquina TGF-ß de dichas células.

Según los investigadores, esto es importante porque TGF-ß tiene propiedades anti-proliferativas y es fundamental para impedir la desaparición de estas células madre en algunos procesos patológicos, como ocurre en determinados tipos de anemia.

Asimismo, los investigadores han comprobado que las células deficientes para la proteína ESL-1 son resistentes a distintos tipos de agentes citotóxicos o quimioterápicos. De modo que estos resultados sugieren que la proteína ESL-1 puede convertirse en una diana terapéutica para las terapias dirigidas a mejorar la regeneración de la médula durante la quimioterapia o para la expansión de las células madre de la sangre para su posterior donación.

Células madre

Las células de la sangre tienen un origen común: las células madre hematopoyéticas, las cuales “tienen la capacidad de auto-renovarse, fabricar copias de sí mismas y producir las células de la sangre a lo largo de la vida”, subrayan los investigadores.

La mayoría de estas células troncales se encuentran en la médula ósea. Allí, residen en un ‘microambiente’, que proporciona los “elementos necesarios para su mantenimiento óptimo”, dice Hidalgo, quien añade que cualquier perturbación de este nicho hace peligrar de forma directa la funcionalidad de estas células, lo que puede traducirse en enfermedades como leucemias o aplasias. Sin embargo, “todavía faltan por identificar muchos de los mecanismos y componentes celulares de este microambiente medular, algo que resulta de vital importancia por las posibles implicaciones terapéuticas que tiene”.

Aparte, los autores han descrito por primera vez cómo esta proteína afecta de manera local a distintas poblaciones del microambiente medular, incluyéndose otras células troncales vecinas. Este hallazgo, destacan, abre la puerta al desarrollo de “nuevas terapias con células madre modificadas genéticamente frente a determinadas enfermedades hematológicas, como ciertos tipos de leucemia, en las que el nicho hematopoyético y las células madre hematopoyéticas están muy afectadas”, afirma Leiva.