josé a. rodríguez Barcelona | viernes, 11 de septiembre de 2015 h |

Un proyecto internacional (The CARDIoGRAMplusC4D Consortium) que cuenta con la participación de investigadores del IMIM (Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas de Barcelona) ha identificado 10 nuevas regiones del ADN asociadas con el riesgo de presentar cardiopatía isquémica. Para realizar este estudio, se han analizado 9,4 millones de características genéticas, de las cuales 6,7 millones son frecuentes (se encuentran en más del 5 por ciento de la población), y 2,7 millones raras (menos del 5 por ciento de la población). Asimismo, se han evaluado estas características genéticas en 61.000 personas con cardiopatía isquémica y 123.504 personas sin la patología.

Como explica Roberto Elosua, coordinador del grupo de investigación en epidemiología y genética cardiovascular del IMIM y coautor del trabajo, un aspecto destacable de este estudio es que la mayor parte de las diez nuevas regiones apuntan a genes relacionados con la pared arterial. Como recuerda Elosua, cuando se produce un infarto, casi todo ocurre en la pared arterial. “Se rompe el endotelio. La placa de ateroma está en la pared, y cuando se rompe esta placa, se pone en contacto el flujo sanguíneo con el contenido de la placa de ateroma, lo que favorece la trombosis, y si se obstruye la luz arterial, se produce el infarto agudo de miocardio”, explica Elosua.

Ligero aumento del riesgo

Asimismo, señala este experto, “hasta ahora se conocían 48 regiones del genoma que explicaban el
6-8 por ciento de la base genética de la cardiopatía isquémica”. Estas 48 características genéticas son frecuentes, “y tienen efectos muy pequeños sobre la posibilidad de sufrir un infarto, ya que el riesgo asociado se incrementa un 10-15 por ciento en la persona que presenta una de ellas”, señala este experto.

Los investigadores del estudio partían de la hipótesis de que si daban con regiones del genoma poco frecuentes relacionadas con el infarto, quizás éstas tuvieran mucho más peso en el riesgo de sufrir esta patología que las variantes frecuentes. Pero, como explica Roberto Elosua, no ha sido así. “Cuando una persona presenta una de estas características raras, el riesgo de sufrir un infarto aumenta un 10-15 por ciento, es decir, lo mismo que con una de las variantes frecuentes”.

De las 10 nuevas regiones que se han descubierto, dos son raras, y se encuentran en los genes LPA y APOE. Gracias a que ahora ya se han identificado 58 regiones relacionadas con esta patología, “se conoce el 13 por ciento de la base genética relacionada con la misma”, comenta Elosua. Este experto añade que “se sabe que en el riesgo de infarto los factores genéticos representan el 40 por ciento, mientras que el 60 por ciento restante corresponde a factores ambientales”.

Nuevas dianas terapéuticas

Elosua señala que el estudio “abre la puerta a la investigación sobre nuevas dianas terapéuticas para la prevención de la enfermedad”. En concreto, recuerda este experto, en el año 2006 se identificó que el gen PCSK9 está asociado con niveles de colesterol elevado. Mientras que en 2008 se descubrió que también está asociado a un mayor riesgo de infarto de miocardio. Y ya hay datos preliminares que indican que los fármacos que inhiben PCSK9, que han demostrado que reducen el colesterol LDL más de un 50 por ciento adicional al descenso obtenido con las estatinas, “también pueden reducir el riesgo de infarto agudo de miocardio”, añade Elosua.