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Carmen m. lópez Madrid | viernes, 10 de octubre de 2014 h |

Mozambique, Filipinas, Pakistán o Camerún, son algunos de los países donde Carlos ha ofrecido parte de su conocimiento como traumatólogo en sus misiones humanitarias. No sólo arregla huesos, se atreve con las motos y hasta ha reconstruido un trocito de la historia de su hospital.

Pregunta. Eres coleccionista de motocicletas antiguas…

Respuesta. Ahora estoy de capa caída por esto de la crisis y sólo tengo 10. Tengo tres de carreras, siempre me ha gustado correr en motos clásicas. Hasta tengo una moto en el salón de mi casa.

P. ¿Tiene la sensación de que la sanidad no tiene frenos?

R. Estamos en una fase complicada. Hace años la sanidad pública era la más prestigiosa y ahora no está tan claro. Ahora vemos que se está convirtiendo en una cosa que hay que tener, sino la gente protesta y esto no es así.

P. Diseñador de instrumentos quirúrgicos para trauma y mecánico, ¿esto de arreglar viene de lejos?

R. Me ha gustado de siempre. De hecho cuando entré a un quirófano de trauma y vi que había llaves inglesas y otros instrumentos, pensé que era lo mío. Por otro lado, me meto a mi taller a arreglar una moto y no me acuerdo de nada.

P. Como traumatólogo, ¿necesita prótesis el SNS?

R. Sí, aunque las prótesis cuestan dinero.

P. Llevas viajando por el mundo desde hace mucho tiempo, ¿qué te aporta la cooperación?

R. Mucho. Para los de África seguramente nada. Recibes más de lo que das. Además de atender en situaciones de emergencia, lo único que se puede hacer en esos países es enseñar a que los de allí puedan y quieran quedarse trabajando.

P. ¿Somos solidarios?

R. Creo que sí, lo que no hay es una conciencia. Si en África hubiera buena atención probablemente no tendríamos estos líos con el Ébola y si la gente supiera esto, no protestarían.

P. Más vale prevenir que curar, ¿cree que si hubiera más cooperación otro gallo cantaría?

R. Por supuesto, pero es difícil, no es cuestión de dinero o de formar a gente, que ya se ha intentado, tú formas a 300 médicos y resulta que 200 se van al día siguiente a Londres.

P. ¿Se puede hacer historia ahora mismo con la Sanidad?

R. Yo creo que historia cotidiana se está haciendo, pero no esperemos una revolución de la medicina, como cuando se descubrió la penicilina o la anestesia.

P. Por cierto, que un cachito de historia es ‘El Clínico en la batalla de Madrid’, tu libro, ¿el día a día en el hospital es una batalla?

R. Sí. Es una batalla pero con un frente cambiante. Ahora toca adaptarse al nuevo escenario.

P. ¿Y quién la gana?

R. No sé quién gana. Nosotros hasta ahora no la ganamos, no sé si la hemos perdido.

P. Con la trayectoria histórica del Clínico, a pesar de los vaivenes políticos, ¿ha mantenido el hospital su seña de identidad?

R. Sí en cierto modo. El problema es que estas señas de identidad han dejado de ser conocidas, muchos desconocen la historia del hospital. Sin embargo, algunos intentamos mantener su identidad.

P. Y en cuanto a la salud, ¿hemos evolucionado en los últimos años?

R. Poco a poco, aunque siempre digo que el hueso hace el callo en el mismo momento que en el hombre de Cromañón.

P. Que una institución haya sobrevivido más de 220 años es señal, ¿de qué…?

R. Aunque aún no está claro que vaya a sobrevivir, lo cierto es que tener más de 200 años de historia no es aval de nada, todo depende de las circunstancias políticas. Es un ejercicio de poder sanitario que existe. Es bueno que un hospital tenga una historia detrás y es malo que la gente no lo sepa, y si no la tienes pues la empiezas a hacer. En el caso del Clínico, es un lugar histórico, ¡no es un sitio cualquiera!