REDACCIÓN/Madrid | jueves, 16 de mayo de 2013 h |

Los máximos especialistas en dislipemia aterogénica (DA) en España se han reunido en Madrid, en la ‘Jornada para el Consenso de Dislipemia Aterogénica’, para presentar y debatir los resultados del “Consenso experto sobre propuestas para la mejora del manejo de la dislipemia aterogénica”, que recoge una serie de recomendaciones teóricas para la mejora del manejo clínico de los pacientes que padecen esta patología. Dicho consenso, el primero desarrollado en España sobre esta frecuente situación clínica, ha sido elaborado utilizando el ‘método Delphi’ y recogiendo las opiniones de 65 expertos, incluyendo cardiólogos (23 por ciento de los encuestados), endocrinólogos (24,6 por ciento), médicos de atención primaria (27,7 por ciento) e internistas (24,6 por ciento).

Y fruto de este documento de consenso, que cuenta con el aval de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) y la colaboración de Abbott, se ha elaborado un decálogo de conclusiones en torno a la DA. “El objetivo principal de esta Jornada es, partiendo del decálogo de conclusiones, consensuar una serie de recomendaciones de práctica clínica para el manejo y el control de esta enfermedad”, ha señalado Juan Pedro-Botet Montoya, jefe de sección del Servicio de Medicina Interna del Hospital del Mar, en Barcelona. “Esperamos alcanzar el grado de consenso suficiente que nos permita dictar recomendaciones clínicas destinadas a optimizar la prevención de la DA, su detección precoz, valoración diagnóstica, abordaje terapéutico y seguimiento clínico en los distintos ámbitos asistenciales del sistema sanitario”, ha añadido.

Este decálogo de recomendaciones, con un elevado nivel de acuerdo profesional, se resumen en:

1. Para la correcta valoración de una dislipemia es preciso disponer de un perfil lipídico completo: colesterol total, cLDL, cHDL, c-no-HDL y triglicéridos.
2. En situaciones de alto o muy alto riesgo (diabetes mellitus, síndrome metabólico, obesidad, prevención secundaria) hay que descartar siempre la existencia de una dislipemia aterogénica.
3. Dado que el cHDL bajo, sobre todo si se acompaña de hipertrigliceridemia, comporta un incremento del riesgo cardiovascular, su control es un elemento clave para reducir el riesgo residual de origen lipídico.
4. La medición del perímetro de cintura abdominal en presencia de hipertrigliceridemia facilita el cribado clínico de la dislipemia aterogénica.
5. La existencia de una dislipemia aterogénica implica que el cLDL, pero también el cHDL y los triglicéridos, deban ser considerados como objetivos terapéuticos.
6. El paciente con dislipemia aterogénica requiere un seguimiento clínico y analítico similar al del paciente con hipercolesterolemia, así como su derivación a una unidad especializada si fuera preciso.
7. Sobre la base de los reconocidos beneficios cardiovasculares, se debe intentar siempre la corrección de la dislipemia aterogénica mediante cambios en el estilo de vida y, cuando sea preciso, tratamiento farmacológico adicional.
8. Si bien la estatina es el fármaco hipocolesterolemiante de elección para la prevención cardiovascular, ante la existencia de una dislipemia aterogénica deberá considerarse la coadministración de un fibrato.
9. En el tratamiento farmacológico combinado por dislipemia aterogénica, el fenofibrato es el fibrato de elección, estando contraindicado el gemfibrozilo.
10. En el paciente con dislipemia aterogénica y cLDL controlado, el hipolipemiante de elección es el fibrato. En caso de hipertrigliceridemia aislada o intolerancia a fibratos se pueden emplear ácidos grasos omega-3 a dosis no inferior a 3 g/día.

La DA es una alteración del metabolismo lipídico caracterizada por aumento de los triglicéridos y/o descenso del colesterol unido a las lipoproteínas de alta densidad (HDL). Junto a ello existen otras alteraciones derivadas de ello, como unas partículas LDL pequeñas y densas o un aumento general de lipoproteínas que contienen apoB, que configuran un perfil dislipémico asociado a un alto riesgo de padecer arterioesclerosis. Según ha explicado el Jesús Millán Núñez-Cortés, Jefe de Servicio de Medicina Interna de Hospital Gregorio Marañon, en Madrid, “cualquiera de las alteraciones de esta enfermedad se acompaña de un elevado riesgo cardiovascular. Este tipo de dislipemia es muy frecuente en situaciones clínicas en las que conocemos que su riesgo cardiovascular es elevado. El prototipo de ellas es la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 y el síndrome metabólico”.