rocío chiva Madrid | viernes, 18 de septiembre de 2015 h |

Un equipo de científicos del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra, liderados por Fernando Pastor, ha desarrollado un aptámero que ha demostrado aumentar en un 30 por ciento la supervivencia en modelos murinos con linfoma folicular.

Como explica el propio Pastor, los aptámeros son ácidos nucleicos monohebra, ya sea ADN o ARN, que adquieren estructuras secundarias y terciarias muy complejas que se encuentran determinadas por la propia secuencia de nucleótidos. Estos “anticuerpos monoclonales químicos”, como él mismo los llama, tienen ventajas frente a los anticuerpos monoclonales “biológicos” y, en su opinión, están llamados a ser la alternativa futura a estos tratamientos.

Entre sus ventajas, Pastor destaca en primer lugar su mayor facilidad de síntesis y, por ello, de traslación a la clínica. Asimismo, este investigador también apunta a su menor tamaño, que hace que su penetración en los tejidos sea mucho menor que la de los anticuerpos “biológicos”, y a su facilidad de modificación. “Son moléculas mucho más maleables y fáciles de conjugar con otras moléculas”, enfatiza Pastor. Pero, para él, la ventaja casi más importante de estos “anticuerpos químicos” es la posibilidad, en caso de que sea necesario, de “neutralizar la actividad del actámero in vivo y en cuestión de minutos gracias a la aplicación de un antídoto estándar”. Este antídoto consiste en la administración de un oligonucleótido complementario a la secuencia del actámero, de manera que se neutraliza la estructura secundaria y, por tanto, su función.

El aptámero desarrollado por el CIMA se dirige concretamente al receptor CD40, que se expresa en células del linfoma folicular, pero también en células del sistema inmune y la médula ósea. Gracias a esa interacción, esta molécula consigue, por un lado, mejorar la aplasia medular —recupera el número de leucocitos, linfocitos y monocitos— y, por tanto, regenerar el sistema inmune y, por otro, potenciar la antigenicidad del tumor al favorecer el reconocimiento de las células tumorales como extrañas. De esta forma, este aptámero actuaría como una terapia adyuvante encargada de crear las condiciones idóneas para la administración de estrategias inmunoterápicas como los anti-PDL-1 o los anti-CTLA-4.

Un futuro ideal pero que aún está lejos. Como apunta Pastor, el aptámero generado es específico contra el CD40 de ratón, por lo que habría que generar el equivalente en humanos antes de pasar a la clínica. En cuanto a su uso, la idea es que pudiera usarse no solo en neoplasias linfoides, sino también en mieloides.