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| miércoles, 24 de julio de 2013 h |

Científicos del Grupo de Bionanopartículas Metálicas (Bionanomet) pertenecientes al Instituto de la Biotecnología de la Universidad de Granada (UGR) están trabajando con bacterias magnéticas artificiales que podrían ser incluidas en los alimentos y usarse como fármacos naturales para poder diagnosticar e incluso tratar enfermedades del sistema digestivo, como el cáncer. Una aplicación, por tanto, “totalmente nueva”, que ahorra invasión y dolor al paciente.

Si bien las bacterias magnéticas naturales pertenecen a especies sin historial de uso en humanos, con la colaboración de los investigadores del grupo Bionanomet y la empresa Biosearch, este grupo ha desarrollado una estrategia para obtener bacterias magnéticas a partir de bacterias probióticas, de uso habitual en la alimentación, a las que se incorpora partículas magnéticas sintéticas.

Como explica el catedrático y responsable de este grupo, José Manuel Domínguez Vera, la fabricación de estos elementos se basa en bacterias que producen de forma natural en su interior pequeños imanes que le sirven fundamentalmente como sistema de orientación, como “una brújula interna”.

Estas bacterias, por lo tanto, se podrían utilizar para aplicaciones biomédicas, ya sea para diagnóstico a través de imágenes de resonancia magnética, o para terapia, mediante hipertemia magnética de las células malignas.

Este grupo de Granada también trabaja en la preparación de nanopartículas magnéticas muy estables, que una vez inyectadas en el cuerpo, se acumulan en órganos concretos, sin ser destruidas por el sistema inmune. Con ello, se permite un diagnóstico mediante resonancia magnética a largo plazo, sin necesidad de inyecciones adicionales.

Asimismo, están fabricando materiales que sirven para detener infecciones generadas por microorganismos, inspirados en el metabolismo del hierro. Y también están tratando de evitar la acumulación tóxica de hierro en el cerebro en la edad anciana, que puede producir daños neurológicos. “Estudiamos una proteína que se encarga de almacenar el hierro que nos sobra y además lo hace en una forma no tóxica: la ferritina”, matiza Domínguez.