| jueves, 30 de mayo de 2013 h |

El hábito tabáquico materno durante la gestación es uno de los factores de riesgo determinantes para el posterior desarrollo de bronquiolitis en el lactante, tal y como se muestra en numerosos estudios que establecen relaciones significativas entre la exposición al tabaco en edades tempranas de la vida y el posterior desarrollo de infecciones de las vías respiratorias altas y bajas.

Con el objetivo de determinar la influencia de la exposición prenatal y posnatal al tabaco en el posterior desarrollo de bronquiolitis, el estudio “Tabaquismo pasivo prenatal y posnatal y bronquiolitis” revela que, con una muestra de 450 lactantes (de los cuales el 27,3 por ciento fueron diagnosticados de bronquiolitis), el 32,9 por ciento de los bebés ingresados por bronquiolitis tenía al menos un progenitor fumador. Además, cabe destacar que el 27,8 por ciento de los bebés incluidos en el estudio fueron expuestos al tabaco durante la gestación y el 44% de ellos ingresaron por bronquiolitis. La incidencia de embarazadas fumadoras era elevada, llegando a ser 1 de cada 4 de ellas.

Este estudio pone de manifiesto que el hábito tabáquico durante el embarazo aumenta significativamente el riesgo de bronquiolitis en el lactante, dato que corrobora las conclusiones de otras publicaciones realizadas y que han llegado a afirmaciones similares, estableciendo que el tabaquismo durante el embarazo aumenta de forma significativa el riesgo de sibilancias e infecciones del tracto respiratorio superior e inferior durante los primeros meses de la vida de los bebés.

En línea con los resultados de esta investtigación, el estudio “Factores de riesgo asociados a hospitalización por bronquiolitis aguda en el período postnatal” revela que el riesgo de hospitalización por bronquiolitis es un 57 por ciento mayor en los bebés expuestos al humo del tabaco y además concluye que la lactancia materna representa un efecto protector frente a las infecciones; así, el riesgo de hospitalización por bronquiolitis es tres veces mayor en niños amamantados durante menos de un mes que en los que han recibido lactancia materna durante más tiempo.