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Barcelona
| viernes, 10 de enero de 2014 h |

A pesar de ser una enfermedad con una prevalencia de un 30 por ciento en las sociedades occidentales, la esteatosis hepática, también conocida como enfermedad de hígado graso no alcohólica (NAFLD en inglés), no tiene un tratamiento farmacológico en la actualidad, ya que sus mecanismos subyacentes son aún desconocidos.

Por tanto, el manejo del paciente se basa en la gestión de los problemas locales y sistémicos relacionadas con la patología. Por ejemplo, disminuir la exposición a agentes tóxicos para el hígado y corregir la obesidad, la hiperglucemia y la hiperlipidemia. Además, en la actualidad se encuentran bajo evaluación clínica algunas estrategias alternativas , tales como el tratamiento con anti inflamatorios o antioxidantes, según explica Erwin Wagner, director del Programa de la Fundación BBVA-CNIO de Biología Celular del Cáncer, que lidera el Grupo de Genes, Desarrollo y Enfermedad del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

Precisamente su grupo acaba de publicar una investigación en Cell Metabolism que evidencia nuevos mecanismos implicados en esta patología que podrían servir de diana terapéutica en el desarrollo de fármacos.

Son las proteínas AP-1, “reguladores maestros del metabolismo de las grasas”, que controlan la captación en el hígado de las grasas procedentes del torrente sanguíneo, según declara Wagner.

El trabajo, que se ha desarrollado en colaboración con Johan Auwerx, de la EPFL en Lausanne (Suiza), describe que el aumento de las proteínas AP-1, como Fra1 o Fra2, fue capaz de prevenir la acumulación de grasa y la NAFLD en ratones. Pero, como destaca el primer autor del artículo, Sebastian Hasenfuss, lo más sorprendente es que el incremento de estas proteínas en ratones con obesidad y esteatosis “hizo desaparecer por completo la grasa en el hígado, además de prevenir inflamación y daño hepático”.

El origen del estudio reside en que el equipo del CNIO había observado que los hígados de los ratones obesos tenían niveles bajos de Fra1, de ahí que crearan ratones transgénicos que aumentaban o disminuían la producción de estas proteínas en el hígado para estudiar sus consecuencias en la enfermedad.

Así como el incremento de las proteínas AP-1 implica un efecto positivo, el artículo también explica cómo otras proteínas relacionadas con Fra1, como c-Fos y JunD, ejercen efectos opuestos sobre el metabolismo de las grasas en el hígado, regulado por PPAR. De hecho, la regulación antagónica que se observa por las distintas AP-1determina estas proteínas como un vínculo entre la obesidad, el metabolismo lipídico hepático y la esteatohepatitis.

La hipótesis de los investigadores es que “un desequilibrio entre el conjunto de estas proteínas podría ser clave en la patogénesis de la NAFLD”.

Wagner puntualiza que, en la actualidad, fármacos dirigidos a PPARg, como por ejemplo las glitazonas, están bajo investigación para el tratamiento de la enfermedad del hígado graso y la diabetes tipo II. El siguiente paso de la investigación será, como indica el investigador, analizar si sus resultados son relevantes para otros órganos donde PPARg juega un papel importante y estudiar la relevancia de estos hallazgos en otras patologías hepáticas relacionadas con la esteatohepatitis, como por ejemplo el cáncer de hígado.