| lunes, 12 de julio de 2010 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

Desde luego, no puede estar más atinado Antonio Rivas en la descripción que hace de la peliaguda situación por la que atraviesa la clase médica en España. En una esclarecedora y elocuente tribuna, digna de enmarcar, el histórico sindicalista lamenta la ausencia de un líder solvente que represente de verdad a la profesión y defienda sus verdaderos intereses, y lanza auténticos dardos envenenados contra organizaciones que, a su juicio, incumplen esta labor pese a estar llamadas a hacerlo. Siempre crítico, siempre claro y siempre directo, el doctor no deja títere con cabeza, y carga una a una contra dichas entidades. De la Organización Médica Colegial (OMC), por ejemplo, afirma que “se dedica más a los politiqueos banales y a las luchas interiores, y a aparentar que desarrolla y mejora la función de los médicos de la beligerancia y la altanería de las instituciones políticas, mientras que los colegios provinciales o de comunidad no hacen nada, su misión es recaudar dinero para ellos y para la OMC. No se ocupan de la situación de sus colegiados y lo disimulan con altanería, prometiendo mejoras que nunca realizan, como la desaparición de los contratos basura o la subida del sueldo en las compañías de seguro libre, como hizo la actual presidenta del Colegio de Médicos de Madrid. Un engaño más”, remata Rivas.

Pero el histórico sindicalista sanitario no se detiene ahí. Además de poner en solfa a Juliana Fariña y a Juan José Rodríguez Sendín, cuestiona también la falta de una cabeza en los sindicatos médicos que “dirija y sepa aglutinar a los facultativos para plantear soluciones a las distintas situaciones”. De Patricio Martínez, el actual secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), afirma categóricamente que “no es el líder que la profesión necesita; trata de mejorar su imagen con la formación de foros de la profesión, pero esto cada vez difumina más el valor de los sindicatos médicos”.

Antonio Rivas no deja pasar por alto la última protesta sanitaria contra el tijeretazo del Gobierno, recordando antes que “los médicos españoles somos los peor pagados de Europa. La financiación de la sanidad pública a través de los presupuestos del Estado está por debajo de la media de los Estados de la UE. La Administración central hace caso omiso de nuestras reivindicaciones y derechos. Las comunidades deciden y mandan en los profesionales según sus propios criterios y sin ninguna conexión entre ellas. No existe un Ministerio de Sanidad que sea capaz de imponer criterios a los distintos reinos de Taifas en que se ha convertido el antiguo Insalud. Nos degradan, nos ningunean y finalmente nos congelan y disminuyen nuestros míseros sueldos”. En este contexto, denuncia que “todos nuestros representantes callan por desidia, intereses políticos o personales o, lo que es peor, por incapacidad intelectual para proteger a los colegiados que representan”.

“Hacemos paros, manifestaciones y concentraciones, y en todas estas acciones hacemos el ridículo. El sábado —26 de junio— nos manifestamos ante el ministerio y asistieron más farmacéuticos que médicos, y entre los médicos había más jefes que indios”, remata el facultativo, con la credibilidad que le otorga su amplia trayectoria en defensa de la profesión. El ex secretario general del Sindicato Médico de Madrid concluye su ácido artículo con varias reflexiones referentes al entorno de la sindicación médica, de Femyts y de la propia CESM: “La unidad de los médicos es imprescindible. Sobran las camarillas. Falta que los médicos sepan quién les dirige, que conozcan a sus delegados. No quiero que nos ocurra como está pasando con Patricio Martínez, buena persona pero equivocado en sus formas de resolver los problemas. No se da cuenta de que la CESM está perdiendo poder. Debemos evitar las luchas entre atención primaria, especializada y Summa 112 y SAR. En Madrid todos somos médicos, cobramos de los mismos presupuestos y no debe haber diferencias que nos separen”.