Sueño/ Evidencias sobre esta enfermedad neurológica en la 20º Reunión Anual de la Sociedad Española de Sueño

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Actúan contra péptidos de las células productoras de hipocretina y podrían desencadenar la enfermedad

Los especialistas piden la concienciación de la AP, ya que la apnea es la principal causa de HTA secundaria

| 2011-03-11T16:21:00+01:00 h |

Los pacientes con síndrome de piernas inquietas (SPI) tienen hasta 2,5 veces más probabilidades de desarrollar una cardiopatía, la misma cifra en la que aumenta el riesgo de hipertensión arterial con respecto a la población general. Así lo evidencia un estudio publicado por la SES, que presentaron en el marco de su reunión anual. “Se demuestra que trastornos del sueño como el SPI no solamente conllevan un empeoramiento de la calidad de vida de los pacientes”, declaró Diego García-Borreguero, presidente de la SES.

A pesar de la escasa concienciación social y con el limitado grado de preparación que, según la SES, existe en España en torno a la necesidad de tratamiento de los trastornos del sueño, hay trabajos que contribuyen a avanzar en su conocimiento. Así, uno realizado a finales de 2010 por la Asociación Española del citado síndrome (Aespi), en colaboración con el Instituto de Investigaciones del Sueño, demuestra que el 66 por ciento de los pacientes con SPI que están bajo tratamiento presentan crisis sintomáticas que irrumpen durante el día, aunque tienden a concentrarse en las horas de la tarde. Son datos que, como apuntó el experto, “manifiestan la necesidad de nuevos tratamientos que faciliten una terapia continuada durante las 24 horas del día, ya que hasta el momento, se han centrado específicamente en el control de las crisis nocturnas”.

El estudio también revela que el 43 por ciento de los diagnosticados recibe el tratamiento a través del neurólogo, el 28,6 por ciento por un somnólogo, y sólo un 9 por ciento acude a su médico de atención primaria. Unos porcentajes que, según García-Borreguero, deberían invertirse en los próximos años por la escasez de especialistas.

C. Ossorio

Barcelona

La narcolepsia, una enfermedad de origen neurológico y catalogada en el grupo de las enfermedades del sueño, afecta a cerca de 25.000 españoles. Entre sus desencadenantes —la predisposición genética y factores ambientales— va ganando peso el proceso autoinmune, según evidencia un reciente estudio de un grupo europeo, que detectó anticuerpos anti-TRIB-2, unos lípidos presentes en las células productoras de hipocretina.

“Ya conocíamos que en la base de la fisiopatología y la etiopatogenia de la narcolepsia había una pérdida selectiva de las células productoras de hipocretina, involucradas en la correcta regulación del sueño, y se sospechaba que era una enfermedad autoinmune, pero nunca se habían hallado anticuerpos”, explicó a GM Georgina Botebol, coordinadora local de la 20ª Reunión Anual de la Sociedad Española del Sueño (SES), celebrado en Sevilla.

Por tanto, estos anticuerpos que actúan contra péptidos de esas células productoras son la primera pista que arroja luz a la teoría de que la narcolepsia sea una patología autoinmune. Según apuntó Botebol, que ejerce en la Unidad de Sueño del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, “los anticuerpos se encontrarían en su nivel más alto al inicio de la enfermedad”, y aunque decrecen de forma notable a los dos o tres años de evolución, permanecen elevados durante más de 30 años.

Si se confirmara con trabajos más amplios la evidencia de anticuerpos, se abriría una vía de estudio para combatirlos. De momento, algunos grupos están investigando la administración de inmunoglobulinas al inicio de la patología —en pacientes generalmente pediátricos—, si bien los resultados son controvertidos.

Otra hipótesis que cobró fuerza en el año 2009 fue la del papel de las infecciones estreptocócicas, como la amigdalitis, neumonía o meningitis, como un factor de riesgo ambiental desencadenante de la narcolepsia. Como indicó Botebol, un estudio retrospectivo con alrededor de 51 niños aproximadamente concluyó que un 20 por ciento de ellos había padecido infección por estreptococo en los seis meses anteriores a desarrollar la enfermedad.

Como se manifestó recientemente, tras el debate surgido por los casos de narcolepsia en Europa supuestamente relacionados con la vacuna de la gripe A, el virus gripal también parece implicado en la aparición de esta patología.

En cuanto a la herencia genética, la experta recordó que los estudios revelan que los familiares de primer grado de pacientes con narcolepsia presentan un riesgo entre 10 y 40 veces más alto de padecer la enfermedad que el resto de la población, si bien “la predisposición genética por sí sola no es suficiente para desarrollarla, siendo precisa la contribución de una infección, disfunción del sistema inmunitario, cambios hormonales, estrés, un trauma…”, aclaró.

La somnóloga quiso incidir en el deterioro que la patología genera en la calidad de vida de una persona, y apuntó que, “aunque no hay muchos estudios al respecto, las personas con narcolepsia son muy perfeccionistas y exigentes frente a la realidad tanto externa como interna, y parece que también reaccionan de forma exagerada frente al estrés”.

Riesgo CV y cognitivo

En España, aproximadamente un tercio de la población pediátrica presenta algún trastorno del sueño. Por ello, durante el congreso, Milagros Merino, neurofisióloga y miembro de la Sociedad Española del Sueño, hizo hincapié en la importancia de iniciar un tratamiento precoz ante síntomas como ronquidos y apneas durante el sueño, ya que “sus consecuencias afectan tanto al sistema cardiovascular como al metabólico, además de influir sobre el comportamiento y el rendimiento cognitivo de los niños”.

Así, la alteración del sueño puede conllevar la aparición de taquicardias, obesidad, diabetes mellitus, crecimiento más lento de lo normal o déficit de atención e hiperactividad (TDAH). También se considera que la apnea del sueño es la principal causa de hipertensión arterial secundaria.

En este escenario, los especialistas hicieron un llamamiento a los médicos de atención primaria para que deriven a las unidades de sueño ante sospecha clínica, pues, como recalcó Joaquín Durán, miembro de la SES, algunos trastornos de sueño pueden incrementar el riesgo cardiovascular entre un 150 y un 400 por ciento. Y, como es evidente, el recorrido en términos de riesgo de una persona joven con apneas es muy superior al de un anciano.