Dra. María Teresa Lara Hernández,
Vicedecana de Medicina Universidad Europea
| viernes, 18 de diciembre de 2015 h |

A lo largo de los últimos años los expertos coinciden en la necesidad de un cambio en la profesión médica debido, entre otros aspectos, a la aparición de un nuevo entorno social, al cambio en las condiciones del ejercicio profesional con la culminación, en el año 2002, de las trasferencias de las competencias sanitarias a las comunidades autónomas y las nuevas políticas intervencionistas en lo que a la salud se refiere.

Los cimientos para la formación de los médicos se encuentran, sin lugar a dudas, en las facultades de Medicina. Es por ello que ha sido necesario introducir en la formación de grado una serie de modificaciones cualitativas y cuantitativas en el currículo para poder dar una respuesta adecuada a la formación de los médicos.

Es un hecho comúnmente aceptado que, en la mayoría de las universidades, se han de adecuar los criterios de selección del alumnado. Sin menospreciar la nota de corte, esta sigue siendo en muchos casos el único criterio de selección de entrada; parece razonable pensar que también se habría de tener en cuenta el perfil humano y vocacional, algo que se viene haciendo ya tímidamente en las universidades privadas.

En los últimos años, se han producido modificaciones sustanciales en los planes de estudio, equiparando la adquisición de las capacidades de tipo científico-técnico (competencias específicas) y las humanas (competencias transversales y/o generales), dentro de las cuales se ha primado muy especialmente la capacidad de comunicación, la conciencia de valores éticos y la capacidad de aplicar los conocimientos a la práctica, mediante el desarrollo de la simulación, entre otras metodologías, que permiten incrementar la seguridad para el paciente una vez el egresado se incorpora plenamente a la práctica profesional.

En este sentido se han incorporado al aula nuevas metodologías de evaluación como la clínica objetiva y estructurada (ECOE), complementándose en gran medida las competencias técnicas con la evaluación de las transversales. En algunas universidades, durante los dos primeros años de grado se han hecho grandes esfuerzos por fusionar materias relacionadas, posibilitando así un aprendizaje integrado de la medicina y hacerle al alumno más comprensible, entendiéndola como un todo. Pero el mayor cambio ha sido trasmitir a los estudiantes la necesidad de un aprendizaje continuo a lo largo de la vida basado en el autoaprendizaje y el sentido crítico, fomentando la autoevaluación permanente, mediante metodologías educativas activas que se han demostrado eficaces en el aprendizaje, más allá de la actividad docente convencional. Llegados a este punto, parece sensato pensar que el objetivo es que realmente exista un “continuum” educativo, que obvie las brechas que se dan actualmente entre las etapas de grado, de formación especializada y de formación médica continuada.

Igualmente, se han hecho grandes avances en los criterios de selección y evaluación del profesorado, dando la importancia que realmente tiene al denominado “currículum oculto”, que hace que los alumnos integren pautas de comportamiento (proporcionadas por sus profesores y mentores), que van más allá de los contenidos del currículo formal. He de hacer una mención especial a la figura del mentor, incluida en algunas facultades de Medicina, entendida como aquel profesor que acompaña y guía de manera individual al alumno.

Parece razonable pensar que hay que seguir trabajando para facilitar una estrecha conexión entre las facultades, el sistema sanitario y las escuelas de preparación de otros profesionales sanitarios, apostando por una integración de equipos, mediante criterios de formación interprofesional y desde los estudios de grado, en las facultades de Ciencias de la Salud y proporcionando una visión integrada de la práctica profesional en un entorno sanitario que se presenta más complejo.

Se han hecho grandes avances en los criterios
de selección y evaluación
del profesorado