José Luis Gómez, pte. de la Fundación Tecnología y Salud | viernes, 06 de marzo de 2015 h |

El mayor reto del sistema sanitario español es conseguir mantener una asistencia de calidad y equitativa, a la vez que establecer estrategias para mejorar la eficiencia en respuesta al aumento de la demanda y el cambio en el perfil asistencial. Un escenario en el que las soluciones e innovaciones del sector de tecnología sanitaria permiten el uso más racional de los recursos y adaptado a los cambios que se producen.

En este sentido, las Infecciones Relacionadas con la Asistencia Sanitaria (IRAS) suponen un lastre en la seguridad y calidad asistencial, por lo que tratar de reducir su incidencia debería ser una prioridad para cualquier sistema sanitario. Se trata en definitiva de evitar, controlar y minimizar los efectos adversos más comunes en el conjunto de la atención sanitaria, que retrasan la recuperación de los pacientes, prolongan su estancia hospitalaria o los cuidados profesionales, constituyendo uno de los grandes retos para profesionales y gestores del sistema. Hablamos de coste humano y asistencial, pero las IRAS suponen también un sobrecoste que los sistemas sanitarios deben contener.

Debemos ser conscientes de la realidad que rodea a las infecciones adquiridas en el entorno sanitario: uno de cada 15 pacientes ingresados en un hospital acaba padeciendo una infección nosocomial, y según la OMS, en Europa anualmente, se producen 4,5 millones de IRAS, asociados a 37.000 muertes y a 16 millones de estancias hospitalarias. En nuestro país, el estudio EPINE señala una prevalencia del 7,61% y un coste de 700 millones de euros.

Es fundamental el desarrollo de una cultura de la calidad en el sistema sanitario y el desarrollo de esta cultura exige un papel de liderazgo por parte de los gestores sanitarios. La definición de una estrategia nacional de prevención de las IRAS, la implantación de sistemas de vigilancia activa en todos los centros sanitarios que permitan medir su incidencia y monitorización, el establecimiento de objetivos de reducción de IRAS a nivel de comunidad autónoma y de centros sanitarios, la inclusión de dichos objetivos en los contratos programa con los mismos, la incorporación de buenas prácticas, la formación e información a los profesionales, la participación de los pacientes y, finalmente, la incorporación de nuevas tecnologías son elementos fundamentales para desarrollar la cultura de la calidad en nuestro sistema sanitario.

La implicación del sector de Tecnología Sanitaria es esencial. Tal y como se detalla en la propuesta de Plan de Lucha contra las IRAS, la tecnología está capacitada para colaborar en la implantación de políticas encaminadas a reforzar la seguridad asistencial y para poner en marcha de una serie de acciones concretas que permitirían disminuir hasta en un 30 por ciento los casos de infecciones en los próximos cinco años.

La propuesta del sector como respuesta a una de las grandes ineficiencias evitables del sistema sanitario ya está sobre la mesa y preparada para implementar una atención sanitaria de máxima calidad. En estos momentos la máxima prioridad es que dicho Plan sea discutido en el seno del Consejo Interterritorial y permita el desarrollo de una estrategia nacional común y compartida por todas las CC.AA. para la prevención de estas infecciones.

La tecnología sanitaria impulsa un Plan de Lucha contra las IRAS