Premios BiC
Francesc José María Sánchez,
Pte. de la Societat Catalana
de Mediació en Salut
| viernes, 04 de diciembre de 2015 h |

Una de las primeras preguntas que un paciente se plantea cuando debe pasar por una determinada intervención sanitaria es preguntarse cuáles son los riesgos que comporta y cuáles son los posibles beneficios. Los avances científicos y tecnológicos han supuesto una mayor complejidad y una mayor eficacia en la atención sanitaria que ha ido acompañada de un incremento de los riesgos.

La seguridad de los pacientes es una nueva disciplina en el campo de la salud que tiene por objeto la reducción de los riesgos mediante la reducción de errores que potencialmente pueden conducir a los eventos adversos con el consecuente daño al paciente. Los daños atribuibles a los efectos de la atención sanitaria tienen un impacto no menor. Una parte muy alta del daño que se produce es evitable. Se podría decir que hay personas que pueden morir, sufrir daños, alargar su estancia hospitalaria o simplemente molestias a consecuencia de los problemas de seguridad del sistema.

Promover la cultura de la seguridad es la mejor estrategia para conseguir mejoras sostenibles en los sistemas de atención sanitaria y para abandonar la cultura de la culpabilización. Los líderes de las organizaciones deben situar la seguridad en una de las máximas prioridades demostrando un enfoque no punitivo, buscando las raíces del problema en el sistema, no tanto en las personas. Porque solo este enfoque puede generar confianza en la organización. Esta confianza es esencial para abordar el tema de la seguridad.

No olvidemos que hablar de problemas de seguridad en las organizaciones sanitarias es hablar de lo contrario de la misión principal de éstas: producir beneficios a los pacientes que se atienden. Por tanto, será un tema difícil de abordar y solamente haciéndolo de forma transparente y no culpabilizadora se conseguirá aprender de los errores. Los profesionales son los primeros interesados en hacer su práctica de la manera más segura. El comportamiento deliberadamente maléfico es una excepción.

Pero no siempre el profesional implicado en un acontecimiento adverso tiene claro cómo debe comunicárselo al paciente o a su familia que este se ha producido, sobre todo si el acontecimiento era evitable. El profesional quiere el respaldo de la institución, de sus compañeros y también la comprensión y el perdón por parte de los afectados. Especialmente les puede preocupar verse implicados en demandas y litigios si por iniciativa propia reconocen su error.

Es necesario proporcionar a los profesionales una formación en habilidades comunicativas para eliminar las barreras que hoy en día impiden iniciar procesos de comunicación abierta relativos a los eventos adversos, y dotar a las organizaciones de sistemas de gestión de conflictos como la mediación per hacer frente a los que puedan surgir fruto de esta comunicación a los afectados con la finalidad de restablecer la confianza que es la base de la relación clínico-asistencial y del buen funcionamiento del sistema sanitario.

Es necesario proporcionar a los profesionales una formación en habilidades comunicativas