Miguel Ángel tovar, director asociado Wecare-u | viernes, 12 de febrero de 2016 h |

Sorprende que en el programa de gobierno que acaba de presentar el PSOE, bajo el objetivo de aplicar una política de eficiencia y ahorro en el gasto farmacéutico, se vuelva a plantear la articulación de un “sistema de mono dosis en medicamentos de alto consumo”. Medida que Podemos llevaba también en su programa. Resulta un tanto desconcertante que ahora se vuelva a proponer, tras haberse demostrado un fiasco en el pasado y no habiendo levantado interés entre los facultativos.

Recordemos que, hace apenas un lustro, la ex ministra de Sanidad, Leire Pajín, anunciaba a bombo y platillo una batería de medidas de ahorro entre las que se encontraba la implantación de los medicamentos en unidosis. Pretendía rebajar la factura farmacéutica en 300 millones de euros anuales, al evitar que los medicamentos sobrantes de los tratamientos se acumulen y caduquen en los botiquines caseros.

Sólo una empresa se interesó por fabricar y hacer realidad el objetivo del gobierno, llegando a poner en el mercado hasta siete medicamentos, una oferta desconocida para la inmensa mayoría de los facultativos. Empresa que incurrió en pérdidas importantes y que ha acabado siendo absorbida. El resto de actores se movió mayoritariamente entre la indiferencia y la oposición a la implantación de la medida. Lo que de algún modo evidencia la debilidad de los argumentos a favor de la misma o el hecho de no responder a una necesidad real.

De un lado, el contenido de la mayor parte de los formatos de los medicamentos comercializados coincide con la duración de los tratamientos. En todo caso, para aquellos en que no sea así, la solución no es la unidosis, sino la adaptación de los formatos y el ajuste de su contenido. Podría tener sentido para ciertos medicamentos, sobre todo aquellos que se emplean en tratamientos agudos, la existencia de envases con un número menor de unidades. Medicamentos que, incluso, podrían quedar fuera del reembolso.

Por otra parte, los reducidos precios de los medicamentos hacen muy difícil materializar el ahorro estimado. Especialmente en el caso de las farmacias comunitarias, donde la manipulación y el envasado requeridos en la dispensación, además de acarrear un cierto riesgo de error, suponen un coste extra para la farmacia. Sería mucho más favorable aprovechar la competencia profesional de los farmacéuticos, que ocupar su tiempo en tareas improductivas.

Una vez más, los responsables políticos demuestran que lo que más les preocupa es cuadrar las cuentas del gasto sanitario público, aun a costa de dilapidar el capital intelectual de los profesionales, con la consiguiente merma en la calidad de la atención a los pacientes. Nuestros gobernantes siguen tratando la Sanidad como un gasto, en lugar de verla como una inversión. ¿Hasta cuándo?

Los responsables políticos demuestran que lo que más les preocupa es cuadrar las cuentas del gasto sanitario