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María Clara Montoya Madrid | viernes, 31 de marzo de 2017 h |

Para poder hablar de pop, qué menos que hacerlo en una tetería con aires british. Lo primero que expresa David Martínez de la Haza es lo “María Antonieta” (por la película de Sofia Coppola) que le parece el lugar. Después, entre sorbos de té y referencias a cine, música y otros placeres, charlamos también sobre radiología, su oficio principal, que desempeña en el Institut de Diagnòstic per la Imatge (IDI), en el Hospital de Bellvitge, y Twitter, la red social en la que Martínez despliega su ingenio y desmenuza sus filias y fobias como @Ohlacumbia.

Pregunta. Tienes cerca de 1.800 seguidores en Twitter, ¿cómo combinas el ser tuitero con tu trabajo como radiólogo?

Respuesta. Hay días en los que salgo de trabajar y si estoy medio inspirado sí me pongo a tuitear, ¡pero necesito mi tiempo! En mi ámbito de trabajo nadie lo utiliza regularmente. Las cosas que cuento son un poco dramáticas pero siempre lo hago por vía de la risa.

P. Además, eso te ha servido para ampliar tu círculo de amistades…

R. Sí, de hecho he conocido a más de cien personas si cuentas las diferentes “escenitas”, como las llamo yo… Los del cine, los del pop en Barcelona, los de Madrid, los de otras provincias…

P. ¿Quién es el follower que más te ha sorprendido?

R. Me siguen Álex de la Iglesia y Gabriel Rufián.

P. Radiólogo de día, pero cuando terminas, muchas otras cosas. ¿Cuándo empezaste a escribir sobre cultura?

R. Empecé en el año 2000 en la revista aB, de Barcelona que es tipo magazine y luego de un tiempo a esta parte colaboro algunas revistas online.

P. Te deben mirar raro en el hospital…

R. Yo creo que la parte médica se entremezcla un poco con la parte más humanista. En el trabajo no te desvinculas de tus gustos (risas).

P. ¿Cuáles son los proyectos de trabajo que más te han emocionado en tu carrera?

R. Los radiólogos no estamos tan metidos en lo científico porque nuestro trabajo es más asistencial, pero siempre que introducimos cosas nuevas en el diagnóstico es una motivación.

P. Terminaste la residencia en 2006 y sigues en el Hospital de Bellvitge. ¿Cómo ha sido esta evolución?

R. Mi campo de trabajo está relativamente focalizado en la actualidad en la radiología oncológica, y, dentro de este contexto, quizás la resonancia magnética de mama es el área específica que más me interesa de un tiempo a esta parte.

P. Y la resonancia es de una importancia vital para las pacientes…

R. Si piensas en el eventual impacto que el desarrollo de las técnicas de imagen puede tener en estas pacientes, es un mundo bastante apasionante.

En cada congreso, en cada revisión de nueva literatura, te das cuenta del rol tan importante donde se investiga de cara a valorar por imagen el fenotipo de los subtipos moleculares del cáncer de mama, la heterogeneidad intratumoral, asociada con peor pronóstico, o el desarrollo de técnicas ultrarrápidas de resonancia para valorar el grado de sospecha de una lesión.

P. ¿Cómo está la radiología en términos de humanización?

R. Esta es una especialidad muy peculiar respecto a la relación con el paciente. Cuando la gente piensa en un médico, lo imagina al lado de un enfermo y no al lado de un ordenador, que es básicamente la forma en que nosotros nos enfrentamos a ese paciente: por medio de una pantalla.

Eso a veces puede condicionar una cierta desvinculación con la parte, humana del acto médico, por eso es importante al empezar la jornada, casi como el jugador de fútbol que entra al campo y toca el césped con la mano, ser consciente del terreno donde estamos “jugando”.

Hay que saber que estamos tratando con pacientes, por mucho que no los veamos, y no con imágenes sin más. Al fin y al cabo, muchas veces somos los radiólogos los primeros en saber realmente qué está pasando ahí dentro (risas).

PÍLDORAS

¿Un disco? “If You’re Feeling Sinister” de Belle and Sebastian.

¿Una película? “Magnolia”, de Paul Thomas Anderson.

¿Un festival en el que repetir? De música, el Primavera Sound. De cine, el Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Si no fueras médico serías… Desde cineasta a dependiente de videoclub, las dos me valen.